Por Laura Bona

Estás en un evento, en el networking. Hablas con alguien y la conversación fluye. Hasta que llega ese momento:

—¿Y tú a qué te dedicas?

Y algo cambia.

Te notas más tensa, empiezas a pensar demasiado, intentas ordenar lo que vas a decir y justo ahí, te pierdes un poco. Dices algo, sonríes, la conversación sigue, pero te
quedas con esa sensación de fondo: no sé si se ha entendido bien lo que hago.

Esto le pasa a muchísima gente. Y solemos pensar que el problema está en el mensaje. En no tener un buen pitch. En no saber explicarnos. En no encontrar las palabras
adecuadas.

Pero no va por ahí.

Puedes tener un discurso perfecto y no conectar con nadie. Y puedes explicarte de forma sencilla, incluso imperfecta y que la conversación fluya.

Lo que marca la diferencia no es lo que dices. Es desde dónde lo dices.

Cuando estás en un networking, muchas veces el foco lo ponemos: en si lo estoy

haciendo bien, en si la otra persona me entiende, en si le interesa, en si estoy quedando “profesional”.

Y con ese nivel de autoobservación, es difícil estar presente. Difícil escuchar. Difícil conectar.

Cuando dejas de intentar hacerlo bien, empieza a cambiar todo

Hay un momento en el taller en el que esto se ve muy claro.

Les pido que se presenten sin preparar nada. Y quien escucha solo tiene que decir qué ha entendido.

Y pasa algo curioso: quien hablaba pensaba que lo había hecho fatal y la otra persona lo ha entendido perfectamente.

Ahí es donde algo se recoloca.

No estaba fallando lo que decía. Estaba demasiado pendiente de hacerlo “bien”.

Y cuando eso cambia, cambia todo. Dejas de mirarte tanto a ti y empiezas a mirar de verdad a la persona que tienes delante.

Ahí baja la presión. Hablas más natural. Escuchas de verdad.

El diálogo interno que te bloquea (y cómo recolocarlo)

El networking no va de hacerlo perfecto, sino de conectar. Esto no significa que el mensaje no importe. Importa. Pero no como solemos pensar.

No necesitas una frase perfecta. Necesitas claridad suficiente para que la otra persona entienda a qué te dedicas… y espacio para que la conversación ocurra.
Y hay algo más que influye mucho, aunque no siempre lo vemos.

Lo que te dices.

Ese diálogo interno que aparece casi sin darte cuenta y que hay que empezar a cuestionarlo.

Porque no es lo mismo pensar “no soy clara” que “hay momentos en los que me cuesta explicarme como me gustaría”.

Desde un sitio te bloqueas. Desde el otro, te das margen. Y desde ahí, puedes empezar a hacer algo diferente.

Sí, el networking va de oportunidades… pero no como crees

Al final, un networking sí va de conocer gente y generar oportunidades. Pero esas oportunidades no aparecen solo por cuántos contactos haces. Aparecen por cómo conectas cuando estás delante de alguien.

No necesitas hacerlo perfecto. Necesitas estar. Escuchar. Y atreverte a mostrarte.

Porque las oportunidades no aparecen cuando hablas mejor. Aparecen cuando conectas de verdad.

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