Durante dos semanas se han llevado a cabo los Talleres RabalArt: hemos experimentado con la fotografía, hemos conectado con el espacio público, el patrimonio y con jóvenes de nuestro entorno.
La prensa, El Periódico de Aragón y Heraldo de Aragón, se ha hecho eco de esta propuesta pionera y hasta nos han parado por la calle para preguntarnos cómo participar o cuándo se repetirá.
Todo un honor haber llevado a cabo este proyecto comunitario y haber podido reflexionar sobre qué se cuece en el distrito.

Al final, hay que decir, que los Talleres son la parte visible de un trabajo duro y tedioso que se tiene que desarrollar en la fase previa a su realización.

Para todo el mundo que quiera conocer más sobre qué es conveniente hacer y qué hay que tener en cuenta para realizar un proyecto de cultura comunitaria (y no morir en el intento), os facilito un resumen de lo que a mí me ha funcionado en gran medida:

 

El proceso participativo

Grupo RabalArt con la Asociación Parkinson Aragón

¿Por qué son importantes los procesos participativos?
Porque cuando están bien hechos, permiten realmente que la ciudadanía se incorpore en el crecimiento de la ciudad, aportando y participando en su evolución.

Para seleccionar a la juventud que ha integrado RabalArt, hemos contado con numerosos Institutos, Colegios y Entidades del distrito: una labor titánica para seleccionar a tan sólo 13 jóvenes.
¿Por qué?
¿Por qué no pegar unos carteles y que las familias interesadas nos enviaran un correo solicitando participar?
¿Por qué no publicarlo en la web del Ayuntamiento y ya está?
Porque los procesos participativos deberían servir para acercarse a la ciudadanía toda y no solamente a aquella parte que controla los medios telemáticos o que tiene costumbre de interactuar proactivamente con las propuestas culturales que ofertan las administraciones.
Desde la gestión cultural, vemos que el público que asiste y disfruta de la cultura pertenece a una clase social bastante definida, a una comunidad específica y tiene una edad demasiado concreta.
Nuestro contacto habitual con el público es en cierto modo excluyente, porque utiliza fórmulas que sólo facilitan el acceso a una parte determinada de la población.
La igualdad de condiciones no alcanza la equidad, es evidente.

En la Sala Multimedia de Zaragoza Activa

Hay que decir que nunca los espacios expositivos han sido para toda la ciudadanía; no sólo a causa del precio o de la accesibilidad (que también), sino por múltiples factores que es necesario analizar desde dentro: hay que ir más allá. Resulta necesario hoy más que nunca trabajar en la eliminación de las barreras invisibles que coartan el disfrute de las propuestas culturales por parte de toda la ciudadanía.
Proporcionar “llaves diversas” para que usuarios de todo tipo puedan acceder a cualquier muestra artística y cultural es el gran reto.

Reinventar la conexión con el espacio público, con el patrimonio y con la cultura en general es una asignatura pendiente que hay que poner en marcha ya.
Cualquiera que acuda a ver una obra de teatro o visite una exposición permanente se dará cuenta que desde la gestión cultural nos estamos olvidando de lo imprescindible: de conectar con las nuevas generaciones y con aquellos colectivos que necesitan “llaves” diferentes para poder acceder a ello.
Por este motivo, el proceso participativo llevado a cabo, tenía este objetivo tan ambicioso: hacer conectar jóvenes del distrito pertenecientes a diferentes comunidades, de todas clases sociales y con circunstancias personales de las más variadas.

Visita guiada a la Casa Solans

¿Por qué es tan laborioso este proceso?
Porque todo lo que se desmarca de lo establecido y normativo suele provocar diferentes reacciones, tanto positivas como negativas.
Las positivas hacen referencia a este aire fresco que trae una propuesta como RabalArt, hace referencia a esta gratitud inmediata que te muestran todas las personas implicadas en el proceso y que te acompaña desde el minuto uno y te anima a seguir durante los momentos más estresantes.
Lo negativo, por su parte, subraya la dificultad de llevar a cabo una selección dentro de un centro público, la dificultad de recortar tiempo para dedicarse a ello a final de curso.
Lo negativo tiene que ver con la imposibilidad de dedicar todo el tiempo que hubiese querido con todas las entidades y jóvenes propuestxs.

Hay que tener en cuenta que habrá que enviar varios correos, realizar llamadas de recordatorio, citarte con las entidades y notar que todo depende de tu esfuerzo y de tu organización.
Teniendo siempre presentes los objetivos marcados, este proceso resulta laborioso, pero necesario.

Los Talleres

Los Talleres se han llevado a cabo durante dos semanas en Zaragoza Activa La Azucarera.
Aunque todo es mejorable, estoy muy satisfecha con el resultado.
¿Qué ha sido lo más complicado?
Sin lugar a dudas lo más difícil para mí ha sido planificar con tiempo las actividades, ajustarlas dentro del presupuesto marcado, realizar las reservas de los espacios y de las visitas y efectuar los pedidos de todos los materiales y de las herramientas: todo tenía que encajar y no había espacio para errores o desajustes.
Para que todo funcionara perfectamente sin imprevistos ni desagradables sorpresas, quizás no he podido disfrutar la experiencia todo lo que hubiera querido.

La realidad es que en el fondo lo que hubiera querido de verdad es poder ser una de las jóvenes que ha experimentado durante dos semanas con artistas como Susana Blasco o las Olsen Project entre otros; me hubiese gustado ser una de las participantes que ha podido conocer su entorno de una forma privilegiada, desde las alturas de sus edificios, teniendo el honor de realizar una campaña de visibilización para la Asociación Parkinson Aragón y fotografiando el distrito siendo consciente de que algunas de mis fotografías serían expuestas en el espacio público dónde habito.
La realidad es que esperaba encontrarme con un grupo de chavales interesadxs en la fotografía y dedicadxs a experimentar con esta técnica y con su entorno, poco más.
Sin embargo este grupo tan heterogéneo que jamás habría coincidido fuera del espacio de la Azucarera, ha socializado muchísimo y ha creado lazos y profundas amistades. Estas/os jóvenes ha dejado claro que las pautas y los objetivos marcados se van cumpliendo cuando existe un importante trabajo previo, pero en qué orden y en qué medida se van concretando, eso dependerá del grupo.

Lo interesante (e imprescindible yo creo) es recoger esta serie de resultados y analizarlos para aprender, para avanzar. Porque no hay nada más genuino que las interacciones con el entorno de un grupo de jóvenes que experimenta en un proyecto de innovación social y cultural, de un grupo que disfruta de RabalArt.
 

 

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Daniela

Directora y creadora de proyectos. Me gusta sacar lo cultural a la calle. Estoy licenciada en Artes Visuales, especializada en Igualdad, Diversidad y fundamentalmente en la transmisión participativa de los conocimientos. Colaboro con entidades internacionales, con instituciones públicas pero sobretodo con personas.

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