Sin asertividad no hay productividad, aprenderla y ejercitarla día a día es fundamental para mejorar la organización de tu tiempo.
De nada sirve bloquear tu tiempo y liberar tu productividad si no eres capaz de practicar la asertividad contigo mismo y con los demás. Se pueden ejercer diferentes niveles de asertividad dependiendo de las circunstancias. Por eso, te recomiendo el artículo de Carol Artero ¿Cómo te expresas con los demás?, con el fin de identificar los diferentes estilos asertivos y comprobar tu nivel actual, ese será el punto de partida.
La productividad personal empieza por la asertividad. Es decir, debes dedicar tiempo en profundizar sobre lo que haces y cómo lo haces. Recuerda el Time Blocking, método para situar las actividades prioritarias a través de bloques de tiempo, con el objetivo principal de lograr la máxima eficacia. Éste precisa de equilibrio asertivo para poder llevarlo a cabo con éxito.
Hoy en día, la asertividad es la capacidad del ser humano para relacionarse y comunicarse con otras personas. Siempre respetando los derechos de uno mismo y de los demás. Todos son importantes. De hecho, cuanto más asertivos seamos, mayor será la confianza que desarrollemos.
Al ser asertivo estás siendo mejor profesional y persona. Además, perfeccionas tácticas de negociación, favoreces nuevas oportunidades, evolucionas en la gestión de tu vida y del tiempo asociado a ella. También maduras una competencia clave en diferentes ámbitos de nuestra vida.
La práctica del no, vista desde el aspecto de la productividad personal, puede ser una de las mejores ayudas para aumentar tu rendimiento. Te ahorra tiempo, te obliga a cambiar la forma de comunicarte y te invita a crecer y a desarrollarte modificando hábitos y patrones establecidos.
A continuación, te dejo unos consejos que te ayudarán a la hora de aprender a decir no:
Piensa antes de actuar: Vivimos en un constante “si a todo”. Una realidad instaurada en un estado de ‘buenismo’ en el que ayudar a los demás y ser excelente es lo más importante en esta vida. Recapacita y obra en consecuencia.
Vence al miedo y la culpabilidad: Nos han enseñado desde pequeños que él no es dañino. Que es de malos profesionales y de pésimos amigos. Que no pertenece a las personas egoístas y que el egoísmo positivo no existe, si tienes que decir no, dilo sin miedo.
Ensaya y prueba: Delante de un espejo o con alguien con el que tengas una relación especial. Da igual. Entrena con el móvil, busca situaciones lo más reales posibles y convéncete a ti mismo, poco a poco te sentirás mejor.
Nadie es indispensable: No tienes que encargarte de todo. Nuestra responsabilidad tiene un límite, saber delegar y enfocarte en lo que realmente eres bueno te ayudará a ser mucho más productivo.
Busca el equilibrio entre el sí y el no: Ten claras tus prioridades profesionales y personales. Cuestiónalo todo y a todos. Negocia lo que puedas, establece objetivos realistas y defiéndelos a muerte.
Entender y comprender la trascendencia de abrazar el no depende únicamente de nosotros. Di siempre que no, interrumpe tus creencias, desafía los introyectos como si fuera un reto o un experimento. Y cuando sea necesario que digas que sí, dilo con el corazón abierto.
Si logras aprender a decir no, obtendrás múltiples beneficios como:
Encontrar la libertad: Libertad de elección. Tú mejor que nadie sabes que es lo que quieres, hacia dónde te diriges, cómo, con quién y el por qué.
Agrandar tu autoestima: Crecerás y serás dueño de tus decisiones. Además, no depender de nadie te fortalecerá provocando un gran bienestar emocional en ti.
Adquirir perspectiva: Desde la cual podrás analizar las situaciones que afrontas y los problemas que enfrentas desde diferentes puntos de vista.
Ganar tiempo: Escoger el propio tiempo rompiendo con lo establecido, con el fin de aprovechar cada día, hora, minutos y segundos de tu vida.
Ahora ya tienes dominado el ‘NO’, pero si quieres ser realmente bueno, tienes que practicar, practicar y practicar. Comienza con situaciones de bajo riesgo. Sé simple y directo, claro y sencillo. Utiliza el yo, no pidas perdón ni solicites permiso. No te justifiques ni des explicaciones, no te defiendas ni pierdas el control. Comunica con tu cuerpo y con tu voz, insiste, persevera y elígete a ti mismo.
Si entrenas puedes fallar. Pero si entrenas más, fallarás mejor, transformarás lo negativo en afirmativo y convertirás el no en sí. Sí a tu tiempo, sí a tus preferencias y sí a tu vida.
No esperes más, no te arrepentirás.
Practica la asertividad …
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