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De las economías creativas

El patrón dominante de crecimiento continuo aplicado en los últimos, digamos veinte años, es algo que ha provocado, entre otros asuntos, no pocos problemas de sostenilbilidad económica y social. El entorno de la cultura y las economías creativas se ha nutrido del mismo dogma de las tendencias de desarrollo hipercapitalista de las ciudades. Florida ha hecho mucho daño y las micro empresas creativas se ha enganchado al carro de unas instituciones públicas que han jugado a las tecnologías financieras para impulsar el crecimiento ciudadano. Las empresas creativas también se han vuelto inviables. No es extraño. La eventización de las ciudades ha sido un trampantojo pasajero, un engaño de cartón piedra que ha dejado demasiados afectados.

Pero las políticas de austeridad tampoco pueden aplicarse a las economías creativas. ¿Austeridad? Una nueva estrangulación. Lo necesario es reorientar la nave y poner en común los procesos públicos y los privados desde una óptica micro. Organizar una especie de fondo común para la cultura que permita actuar en la ciudad con menos dificultades. Y gestionar este fondo común debe hacerse, aunque parezca una perogrullada, en común. Pero no en ese común habitual de esas mesas para la cultura en la que se suelen repartir los restos. Quizá haya que plantearse un espacio de pensamiento que analice y disponga reflexión. Aunque evidentemente todo esto está francamente denostado. No parece que el pensamiento deba convivir con la acción. Mucho menos precederla. Pero sigo pensando en esa trilogía de dirección que favorecería un desarrollo coherente -la filosofía, la biología y la física cuántica- y que pondría algo de sensibilidad a la economía, a ese modelo de economía depredadora.

Las acciones desde la cultura, si es que puede llamarse así lo que se hace, no pueden contemplarse, por mucho que se mantenga, desde los mismos criterios de fundamentalismo financiero. Ademas, en este momento en el que lo practico, la practicidad, la practitocracia como la denomina Emilio Lledó quizá sea bueno refundar el pensamiento, combinar la reflexión con la acción. O, en otras palabras, propiciar espacios para impedir que el pensamiento sea apartado de la realidad, recluido o menospreciado, con el objetivo, no cabe duda, de reducir o anular la conciencia critica y fortalecer la idea de construir la sociedad desde un materialismo inmediato sin otra perspectiva que el utilitarismo extremo. Una sociedad sin alma.

El diseño de las economías creativas debe partir pues del pensamiento comunitario. Lo que tenemos ahora es quizá un problema de arquitectura social en la que no se acaban de acoplar los actores que reclaman los procesos de innovación social, donde todavía la institución pública exige su papel protagonista, donde la ciudadanía se aparta de ella después de los desmanes, donde lo comunitario no encuentra acomodo y en ocasiones cae en una especie de “privatización asamblearia” (lo siento pero esto también existe). Todavía no se acaba de encajar, de comprender qué es eso de lo común. De entender que no tiene que ver del todo con lo público. De comprender que lo común ha sido desposeído tanto desde el entorno de capitalismo, como desde el entorno de los gobiernos que, en ocasiones, se han convertido en una especie de privatizador genérico. En todo caso algo que es difícil de acometer desde los viejos criterios frentistas o apropiacionistas.

Ya he dicho en algún momento que para complementar las acciones, necesarias pero básicamente finalistas, la institución pública debería favorecer situaciones, no pensemos en programas, no es lo mismo. Pasar de los procesos de mediación (gestión de información + canalización de iniciativas) a la catalización (incitación intelectual + provocación de situaciones). Avivar la conciencia critica para para una ciudadanía libre y definitivamente no tutelada.

En este sentido quizá sea mejor olvidar las confluencias y afrontar la gestión de la complejidad.

José Ramón Insa Alba

Coordinador de Proyectos y Redes en la Sociedad Municipal Zaragoza Cultural. Area de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza. Pasé por ZAC durante cuatro años como responsable del ThinkZAC.

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