Desde hace tiempo numerosas entidades públicas y privadas, estamos impulsando y motivando a las personas para que sean emprendedoras. Autónomas, proactivas, valientes, comunicadoras, autosuficientes, etc. En definitiva les ayudamos y formamos para que sean personas poner en marcha un negocio. Pero ¿qué pasa con los colectivos más vulnerables? ¿Impulsamos el emprendimiento inclusivo?. Pienso que también, aunque estas personas no tienen las mismas facilidades y recursos. Suelen abandonar sus iniciativas cuando llegan al primer eslabón de la cadena. Se dan un duro golpe con la realidad en el primer contacto con el exterior. Dicho paso suele ser el del acceso a la financiación.
Durante estos días en los talleres que desde Acción contra el Hambre hemos desarrollado en Zaragoza Activa, las mujeres participantes han creado el proyecto “Pastelería nuestros sueños”. Un proyecto inclusivo, creado por mujeres y para mujeres, diseñado con esfuerzo, motivación, confianza y en equipo. Aunque, por el momento, se quedará en los archivadores de las entidades que apoyamos la generación de ideas. Falta algo más, falta un conocimiento técnico y específico en materia de emprendimiento. Concretamente en términos económico-financieros.
Curiosamente y según un estudio de la profesora de Derecho Romano de la Universidad Jaume I de Castellón, Carmen Lázaro, los microcréditos se crearon por mujeres de la Antigua Roma. Se prestaban pequeñas cantidades de dinero para desarrollar proyectos empresariales y a cambio se entregaba como garantía objetos personales de pequeño valor. Sencillo, ¿verdad?. Nacieron como una fórmula financiera que permitiera a los más desfavorecidos el acceso a las herramientas de producción. Sin necesidad de que tuvieran que prestar garantía real o personal para ello.
La figura más destacada en el desarrollo de los microcréditos es Muhammad Yunus quien en los años 70/80 creo este sistema de financiación con el apoyo de Graamen Bank en Bangladesh. Posteriormente se popularizaron y extendieron por todo el mundo. En España hay numerosas entidades que dan acceso a la financiación a través de microcréditos. Por ejemplo Microbank, Fundación Oportunitas, Fundación Nantik Lum, entre otras.
En la mayoría de
La OCDE define el conocimiento financiero como: “el proceso por el que los inversores y consumidores financieros mejoran su comprensión de los productos financieros, a través de la información, la enseñanza y/o asesoramiento objetivo. Desarrollan las habilidades y confianzas precisas para adquirir mayor conciencia de los riesgos y oportunidades financieras. Tomar decisiones informadas. Saber dónde acudir para pedir ayuda y tomar cualquier acción eficaz para mejorar su bienestar financiero”.
La educación financiera es necesaria para las personas y para la sociedad en su conjunto, favoreciendo un comportamiento informado, responsable y crítico. Así, las mujeres que han creado “Pastelería Nuestros Sueños”, conocerán la necesidades que tendrán para poner en marcha su proyecto. Además del esfuerzo que inevitablemente tendrán que realizar para conseguir un modelo de negocio viable y un medio de vida adecuado donde forjarse su futuro.
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