Vivir sin jefes…

Hace unas semanas leí un interesante artículo titulado “La empresa que prescinde de los jefes” cuya lectura recomiendo. El texto trata de la empresa finlandesa Vincit, creada por Mikko Kuitunen, con una facturación de 26 millones de euros en 2015. En 2016 ganó el premio a la mejor compañía de Europa en la que trabajar.

Su creador comenta que se encontraba en una empresa donde estaba insatisfecho y desmotivado, ya no le gustaba lo que hacía, por lo que se planteó la necesidad de cambiar y tras darle vueltas al asunto, surgió la idea de crear su propia empresa.

Según comenta este artículo, en Vincit no existen los horarios, los turnos de trabajo o la obligatoriedad de acudir 35 o 40 horas de lunes a viernes a la oficina. Sólo existe, pues, el compromiso de unos trabajadores contentos con una empresa que es más que un trabajo; se integra y complementa sus vidas. Es un sueño hecho realidad… ¿no?

Según la VI Encuesta Adecco La Felicidad en el Trabajo del 2016, el 97% de los trabajadores encuestados considera que la felicidad está directamente relacionada con la productividad y motivación en la organización en la que trabajas. Además, uno de los factores que más valoran los encuestados para ser felices en su puesto de trabajo es tener un buen jefe o responsable directo. Y la pregunta es… ¿realmente lo tenemos?

No podemos olvidar que uno de los motivos que más aducen, muchas de las personas que deciden cambiar de trabajo, es que se van por sus jefes directos.

Creo que en las empresas deben existir estructuras más horizontales que agilicen la toma de decisiones. Muchas empresas con excesiva estructura jerárquica hacen que se ralentice todo a la hora de ejecutar y acometer funciones. Las cúpulas directivas en algunas empresas son verdaderos cuellos de botella, porque todo tiene que pasar por un puñado de personas, que no quieren delegar o no saben hacerlo. Siempre he dicho que ser jefe no es como ordenar a un caballero… sino que un jefe tiene que desarrollar sus capacidades de mando, de delegación, de estrategia…

En Vincit, en 10 años no se han producido despidos, aunque se han ido una decena de personas. Su fundador comenta que sí que han tenido que hablar con algún trabajador para darle lo que todos conocemos como un toque de atención.

En España estamos acostumbrados a que se nos vea en la oficina. Hacer horas… ¿Para qué? Muchas veces, no se sabe pero nuestros jefes suelen querer vernos ahí. No debemos olvidar que estar más horas en el trabajo no te hacen ni más productivo ni más valioso. Lo único es que eres más visible de cara a poder pensar que trabajas mucho. ¿Han preguntado los jefes si sus empleados son felices haciendo ese exceso de horas? La respuesta, creo que hasta para la persona menos inteligente es clara… Yo soy de la opinión de que lo que realmente se debe pactar es cumplir unos objetivos o ejecutar unas tareas siendo flexible el tiempo invertido. Esta flexibilidad mental de horarios haría que todas las personas pudiesen conciliar su vida laboral y personal. Seguro que la felicidad de los trabajadores sería mejor, la encuesta de satisfacción sería mejor… y qué duda cabe, la productividad más alta… Pero, vivimos todavía en época feudal y más empresas de las que nos gustaría, optan por martirizar a sus empleados.

Esto conlleva que las personas se vean atrapadas en sus puestos de trabajo, totalmente encajonados sin libertad para desempeñar sus funciones. Toda esta compartimentado y protocolizado. Las cosas son así porque siempre se hizo así y “no se debe cambiar lo que funciona”, con independencia de que, de otra forma, se pudiesen conseguir mejores resultados.

Ciertamente, en todas las empresas encontramos al típico vago o jeta que se intenta escaquear… pero por lo general, los trabajadores cumplen con las expectativas y solo quieren ver que la empresa les facilite su vida y que les ayuden a poder compatibilizar todas las facetas de su vida. Las políticas de “café para todos” han quedado caducas. Una persona necesita flexibilidad total cuando la precisa. Sin embargo, muchas empresas consideran que el pedir excepciones supone abrir la caja de Pandora y lo que es posible para uno es para el resto… algo que conlleva que la flexibilidad sea nula. Esto suele minar al trabajador que en muchas ocasiones es una persona involucrada y que hace mucho más de lo exigido. Este tipo de situaciones hacen que este tipo de trabajadores se transformen en el tipo desmotivado… que definitivamente, no es bueno para la empresa.

Los responsables de la organización deben ser facilitadores de hacer que el trabajo se pueda desempeñar de la mejor forma posible y que los objetivos de cada persona estén muy claros. La libertad debe ser el estandarte de las compañías del siglo XXI y esto suele ir acompañado de responsabilidad de la gran mayoría de trabajadores.

Algunas empresas dirán que esto no es posible en su sector o en su estructura corporativa, no porque no se pueda hacer sino porque en sus mentes están convencidos que es imposible hacerlo. Sin embargo, las cúpulas directivas quizás deban preguntarse qué pueden cambiar para que sus trabajadores estén más motivados y contentos en su empresa. También deben mirar los índices de rotación de las personas y si son muy altos, está claro que algo ocurre.

Es triste escuchar a algunos que su jefe les dijo “que a ellos no se les paga por pensar”. Esto indica la mediocridad o incompetencia de ese tipo de responsables. Las empresas tienen que escuchar a sus empleados, a quienes realizan el trabajo y tienen ideas de mejora. Por su parte, los responsables deben ser competentes, que tenga claro lo que tiene que hacer, que decida y ejecute de cara a conseguir cumplir sus objetivos o tareas. Un equipo funcionará no porque se den órdenes y se implante el miedo, sino por la coordinación, por la unidad y por la búsqueda de la mejor forma de cumplir con los objetivos. El problema es que en muchas empresas no se tienen claros y algunos los cambian cada dos por tres.

Este nuevo tipo de empresas pioneras como Vincit implementan como esencial la comunicación, donde cualquier persona puede manifestar lo que piensa o cómo se siente y es más, si alguna persona no esta satisfecha trabajando ahí, se le ayuda a buscar otras opciones. Este tipo de empresas son posibles porque sus creadores tienen esa mentalidad abierta, cambiante y flexible del siglo XXI.

Si la gente está contenta, es más productiva y está más comprometida con su compañía; van todos a una porque saben que si los resultados son mejores, repercutirá en beneficio de todos.

También debo decir que los países nórdicos suelen ser pioneros en este tipo de iniciativas rompedoras y cambiantes. De hecho, en la mayoría de estudios de felicidad suelen aparecer estos países en las primeras posiciones.

Lógicamente, yo solamente os traigo tendencias novedosas o enfoques disruptivos que nos hagan reflexionar y plantearnos cosas que no nos plantearíamos nunca.

Aunque esta forma de trabajo no sea común en España, sería bueno que recapacitarais y analizarais qué necesitaríais para estar más contentos en vuestro puesto actual, asumiendo que cumplís con vuestras tareas y alcanzáis vuestros objetivos. Obviamente, pensar en no tener jefes puede dar a entender, según nuestra mentalidad, que nos podemos tirar a la bartola y no hacer nada, cuando no debemos olvidar que para exigir derechos tenemos que ser cumplidores y profesionales con nuestros deberes.

También, a las empresas me gustaría preguntar que pasaría si como experimento introdujeseis pruebas piloto de flexibilidad en algún departamento o área de vuestra organización y luego comparar resultados; claro, para esto se deben medir todos los datos y parámetros, cosas que aún no ocurre en muchas empresas. Porque si os pregunto cómo medís la productividad de vuestros trabajadores, muchas organizaciones no lo tienen nada claro.

Me gustaría conocer vuestros puntos de vista sobre este tema y debatir.

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