Refugiados, pasajeros sin billete de vuelta

Kossi Siméon

¿Cuál es el precio de la libertad? Separarse de su familia y poner 6.000 kilómetros y océano por medio es lo que tuvo que pagar Kossi Siméon para proteger su vida y la de los suyos. Un billete de ida que no tiene vuelta, como el de tantos refugiados.

Kossi Siméon es un periodista de Togo, país del África subsahariana que, pese a definirse como una república, desde 2005 preside de facto Faure Gnassingbé, quien heredó el cargo de su padre, el golpista Etienne Gnassingbé Eyadéma. Aunque en el país se realizan elecciones cada cinco años, la salud democrática del país es altamente cuestionada no solo por la oposición, sino también por la comunidad internacional.

Que la libertad de prensa puede ser incómoda a los intereses de un gobierno como el de Togo es algo que de primera mano pudo conocer Kossi. En 2008, denunció en un par de artículos las extrañas circunstancias en las que había fallecido Atsutsè Kokouvi Agbobli.

El fundador de la revista Afric’Hebdo y figura de la oposición al gobierno apareció muerto en una playa dos días después de haber desaparecido sin rastro del hospital en el que había ingresado por problemas de salud.

La primera irregularidad, dice Kossi, es que no se levantó investigación alguna; sin embargo, la versión oficial de que fue una muerte natural buscó silenciar sospechas.

Una decisión difícil

A Kossi le empezaron a llegar amenazas de muerte: una persecución que desembocó en que escapara de Lomé, capital de Togo, rumbo a España hace ya casi ocho años.

En su recorrido, nada libre de obstáculos, también ha tenido el apoyo de muchas personas y de instituciones como Accem, que en Barcelona le ofreció techo, comida y ayuda económica por más de un año; Rescate y Reporteros Sin Fronteras, que costearon el viaje de la esposa y los dos hijos de Kossi a España; o la Asociación de Periodistas de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza, que lo acogieron en esta ciudad en 2011.

Activo y activista por la defensa de los derechos humanos de los refugiados de cualquier parte del mundo, ahora trata de crear comunidad africana en España y de poner el foco en noticias de su continente con el portal AfroRedInfo. También ha participado en el documental La dignidad, de María Torres Solanot, que recoge los testimonios de tres desplazados por la guerra o por persecución política.

Es, además, el presentador del evento “Mójate por los refugiados”, un reto social impulsado por los emprendedores de La Colaboradora el 23 de junio. Antes, nos aproximamos a su historia.

Kossi Siméon

Kossi tiene asilo en Zaragoza desde 2010. / Foto: Jesús Zapata

Una vez que empiezas a recibir amenazas por teléfono, ¿cómo tomas conciencia de la situación en la que estás en tu país?

Cuando el gobierno sacó el comunicado que explicaba las causas de ese político, me pareció un poco raro, porque ese señor estaba enfermo y se fue a una clínica, de donde desapareció una noche; dos días después encontraron su cuerpo en una playa. Nada más encontrarlo, unas horas después, el gobierno decía que ese señor había muerto por ahogamiento. Decir algo así de una persona pública sin una prueba médica, una autopsia, me parece muy atrevido. Después empecé a recibir unas llamadas de número desconocido y sms muy amenazantes contra mi vida.

Aunque al principio no lo tomé muy en serio, porque sabía que ocurrían cosas parecidas en mi país, decidí ya no publicar más artículos, pero había ya una presión social respecto a este problema y como las amenazas seguían, busqué una salida y conseguí un visado desde la Embajada de España en Acra, Ghana [país en el que se instaló su familia cuando Kossi se vio obligado a salir de Togo].

Lo que más me ha costado ha sido abandonar una familia sin aviso. Es que no lo hemos preparado, no es un viaje de lujo, que yo quisiera irme de vacaciones o para estudiar. Tuve que salir corriendo, sin preparar nada, sin saber ni qué hacer con la familia.

Algo ajeno a tu voluntad, pese a la confusión de algunos colectivos entre refugiados e inmigrantes.

Sí. Hay gente que no todavía no entiende que ser refugiado no es una elección. Hay quien piensa que, a lo mejor, por venir de un país menos desarrollado que este, es una oportunidad. No es así. Yo no venía con la intención de vivir mejor en España: venía para salvar mi vida.

Para decir la verdad: yo no solicité el visado (para venir a España) con motivo de refugiarme porque habría tardado más. Tienes que entregar todas las pruebas que tienes que sostienen tu solicitud; la embajada lo manda a Madrid; aquí estudian que se trata de un caso real y todo lleva su tiempo. Es una cuestión administrativa; lo estamos viendo en el caso de los refugiados sirios.

Casualmente, en el momento previo al que se presentó el problema, yo estaba colaborando con una ONG que tenía previsto viajar a España. Yo no formaba parte de ese grupo, pero en el último momento tuve que pedir ese favor a la presidenta de la ONG para que me metiera en el dossier como si fuera uno más.

Hay refugiados africanos en Ceuta o Melilla que no pueden entrar en Europa; nadie les reconoce el estatus de solicitante de asilo. Gente que huye de una guerra. Se les confunde con cualquier inmigrante que viene a buscar una vida mejor. Sí hay gente que necesita protección internacional. ¿Por qué negarles ese derecho?

¿A qué se debe eso? ¿No tienen visibilidad los conflictos en regiones como África?

No tengo duda; es una realidad que no se puede cuestionar. Los conflictos tienen importancia según en qué región se dan. El impacto de una guerra en Irak no es el mismo que en Sudán o Malí.

Te refieres a intereses geopolíticos y económicos …

Sí, claro. Y se olvida que también en zonas como el cuerno de África y otros países del África subsahariana hay conflictos muy sangrientos también y que hay gente que necesita esa misma movilización que estamos llevando a cabo hacia los demás países.

Kossi Siméon

Ha creado el portal AfroRedInfo. / Foto: Jesús Zapata

¿Has recibido algún prejuicio, discriminación como refugiado o has sido confundido como migrante?

La excepción sería que no hubiera confusión. Sobre todo, a nosotros, africanos negros nos ven primero como inmigrantes que vienen a resolver sus problemas. A mí no me molesta, porque tampoco llevo puesto “refugiado” en la frente. El problema es cuando hacen que te lo creas o viene de las instituciones o de los medios de comunicación y te lo dicen tantas veces que al final la sociedad lo adopta y ve en toda esta gente migrantes “normales”.

Al final, el apoyo que necesita una persona que está en una situación tan crítica como huir de un drama, de una persecución, ya no lo tiene. Lo primero es ayudar a que esa gente salga de donde está, estar protegidos y poder volver a tener una vida nueva. Pero también hay que acompañarlas en el proceso de integración.

¿Quieres escuchar cómo relata Kossi sus experiencias? ¡Dale al play!

Beatriz M. Utrilla

Beatriz M. Utrilla

Periodista, ya no sé si comunicadora, comunicóloga o comunicativa. Filántropa, apasionada del contenido, del guión, de la escritura y la reescritura. Friki algo fundamentalista de la gramática y la ortografía. Ahora estoy en proceso de reinvención: tratamos de dar forma a un proyecto cultural y de entretenimiento llamado Viaja en el Tiempo.

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