Refugiados en Líbano: plantan verduras, recogen esperanza

Riad, frente a su huerto en Líbano

El huerto que cultiva Riad es más que una garantía de alimento: es un nicho de esperanza. Hace más de dos años, él y su familia abandonaron su casa en Hama, ciudad en el oeste de Siria. Son algunos de los más de 4 millones de sirios refugiados en otros países por la guerra civil que desde 2011 sostienen el gobierno de Bashar Al-Assad y grupos rebeldes.

Saben que su casa fue saqueada, destruida y quemada, por lo que tratan de rehacer su vida en un asentamiento cerca de Hermel, ciudad de unos 50.000 habitantes situada en el noreste de Líbano, a unos pocos kilómetros de la frontera con Siria.

Ahora, gracias al proyecto de huertos domésticos de la organización no gubernamental Acción Contra el Hambre (ACF, por sus siglas en francés), muchas familias instaladas en los asentamientos informales del valle de Beka’a tienen la oportunidad de cultivar hortalizas y verduras para su propio sustento.

Enseñan a cultivar

Riad aprende a trabajar la tierra en Líbano. / Foto: Acción Contra el Hambre


¿Quieres ayudar? Súmate al Reto Social

La comunidad emprendedora de La Colaboradora dedica su Reto Social a los refugiados y convoca a participar este 23 de junio en el evento “Mójate por los refugiados”. Desde las 6 de la tarde, en las instalaciones de Zaragoza Activa en la Azucarera, se presentarán proyectos que se llevan a cabo para atender a los desplazados de guerra, habrá charlas de sensibilización, música, picoteo y un sorteo de dos cestas solidarias entre los asistentes.

El importe de la entrada, 10 euros, se destinará a financiar proyectos como este de los huertos domésticos de Acción Contra el Hambre en Líbano y ayudar a la asistencia a refugiados llegados a Grecia, que brinda la organización de bomberos de Castilla y León G-Fire.

Cómo se gestionan los huertos

Acción Contra el Hambre gestiona con los propietarios de las tierras el permiso para que las familias de refugiados puedan cultivar vegetales en un trozo de tierra que va de 4 a 20 metros cuadrados. La ONG no solo proporciona a los beneficiarios del programa semillas, herramientas y abono; también los capacita para sacar mayor rendimiento al terreno, de manera sostenible, y los educa para que tengan una alimentación saludable basada en los productos del campo.

Para las familias, el color verde es con mayor razón el de la esperanza; en medio de la adversidad, la ilusión crece en forma de brotes verdes y la tierra se vuelve fértil, pese a que las condiciones no son prósperas.

Plano del cultivo

Si carecen de conocimientos agrícolas, les enseñan a distribuir el terreno. / Foto: Acción Contra el Hambre

Qué reciben los refugiados

Además de la formación, la asistencia y el monitoreo, el paquete inicial que recibe cada familia  consiste en dos paquetes de semillas de espinacas, otros dos de perejil, uno de acelga, 110 brotes de col, 148 de lechuga y 328 de cilantro, entre otras hierbas aromáticas.

Para trabajar la tierra, se les proporcionan azadas, rastrillos, palas, martillo, regadera, dos kilos de abono, contenedores, macetas, guantes y otros materiales.

Huerto en Líbano

Lechugas, coles, espinacas y cilantro son algunos de los cultivos. / Foto: Acción Contra el Hambre

“De esos huertos puede salir tanto una alimentación de la familia como una posibilidad de negocio de vender las hortalizas que les queden de excedente en los mercados locales, dado que los refugiados no están pudiendo acceder a puestos de trabajo en Líbano”, explica Raquel Magaña, gestora de la delegación de ACF en Aragón.

La semilla del trabajo

Volver a sentirse productivo es algo que mueve a muchos, entre los que está Khaled. De nacionalidad siria, huyó del conflicto en su país en el verano de 2012. Con su familia, se dirigió a la ciudad libanesa de Sidón, a orillas del mar Mediterráneo.  Allí tiene una mano amiga, porque el espacio donde vive de alquiler es de un hombre que hace una década, cuando Líbano estaba en guerra, encontró refugio en Siria.

En el último año, la agudización de la crisis humanitaria en Siria ha forzado a más personas a salir de sus hogares y ahora los recursos de que disponen las ONG en los países vecinos se tienen que repartir entre más. No siempre hay de todo para todos.

Khaled con su familia

La familia de Khaled obtiene un sustento con los productos del campo. / Foto: Acción Contra el Hambre

Khaled es uno de los afortunados que aún tienen acceso a las e-cards, tarjetas tipo monedero electrónico para pagar comida y artículos básicos, distribuidas como parte del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. Los  108 dólares (unos 95 euros) que recibe al mes mediante esta prestación no alcanzan para solventar gastos. Khaled trabaja en lo que le sale, aunque no sea trabajo formal, pero difícilmente obtiene un salario superior a 10 dólares por día.

Los huertos domésticos le han abierto un nuevo horizonte: “Ahora, en vez de comprar una col por 1 dólar, simplemente lo cojo del jardín”.

Beatriz M. Utrilla

Beatriz M. Utrilla

Periodista, comunicadora, curiosa, preguntona. Soy una apasionada del contenido, del guión, de la escritura y la reescritura. Reconozco que puedo ser algo friki y fundamentalista con la gramática y la ortografía. Llegué a La Colaboradora con un proyecto que transita entre entretenimiento, cultura e historia. Aunque ahora permanece pausado, mi cabeza sigue en ese run run...

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