Un nuevo año ha comenzado hace poco. Todos tenemos muchas expectativas mentales y planes para acometer en este 2020. Lo único es que tras la resaca navideña, debemos asumir que los sueños, sin acción, esfuerzo, trabajo ni motivación, jamás los alcanzaremos. Nada que merezca la pena nos viene regalado. Todos los años aparecen nuevas tendencias laborales en recursos humanos, algunas repetidas año tras año con pequeñas variaciones, pero no todas llegan a ver la luz.

Me gustaría hablar de las tendencias laborales que, desde mi modesto entender, sería preciso que existieran ya en las organizaciones.

Primero. Permitir el desarrollo del talento “bruto” de las personas. Dejar de usar palabras como “captación” o “retención” del talento. Si las empresas necesitan captar o retener a sus personas, es que algo falla. Las personas tienen que decidir incorporarse y/o permanecer en una empresa porque les compensa, interesa, aporta y apetece.

Es por ello que las empresas deben asumir que vender perfección en una entrevista consigue el efecto contrario. Las empresas las conforman sus personas. Tenemos que crear espacios en donde todos estén contentos y motivados, asumiendo aquello que tengan que conseguir y teniendo clara cuál es su responsabilidad.

Segundo. Otra de las tendencias laborales pasa por extinguir las organizaciones jerárquicas, al menos, para las decisiones no estratégicas. La toma de decisiones tiene que estar repartida de forma equitativa. No podemos pretender que el devenir de las empresas lo decidan cuatro directivos. En las empresas jerárquicas se producen verdaderos cuellos de botella. Tienen que existir diferentes niveles de toma de decisiones, teniendo claro que fallos corresponde tomar a cada persona en función de las responsabilidades que tengamos.

Cada persona es especialista en unas materias o funciones. No podemos pretender que alguien nos decida todo lo que tenemos que hacer en nuestro puesto de trabajo. Creo que en la actualidad, carecemos, por regla general, de líderes corporativos que den ejemplo en todos los sentidos.

Tercero. Dejar a un lado el presencialismo porque sí. Lo realmente importante es que las personas hagan su trabajo y cumplan sus objetivos. Lo menos importante es el lugar desde el que las personas hagan su trabajo. Son muchos los que todavía van a su empresa a calentar la silla. Desgraciadamente, todavía se valora si una persona trabaja o no por las horas que pasa en la compañía.

Lo realmente importante es el valor que una persona aporta a sus empresas, es decir, qué es capaz de conseguir y resolver. Debemos dar flexibilidad a nuestras personas de cara a desarrollar su trabajo, que cada uno pueda organizarse en función de sus necesidades.

Cuarto. Otra de las tendencias laborales para este año es la necesidad de trabajar  las emociones en las empresas. Las personas trabajamos por dinero, pero no olvidemos que no lo es todo. También es “salario” la posibilidad de conciliar nuestra vida personal y familiar. Si ganamos mucho dinero, pero no podemos disfrutar de nuestra familia por tener largas jornadas, no sé hasta qué punto compensa. Debemos de cuidar a nuestras personas, dándoles dentro de lo posible, lo que precisen para tener tiempo que dedicar a todos sus ámbitos. Las políticas de personal homogéneas e iguales para todos los empleados hace tiempo que no funcionan.

Quinto. Los departamentos de personal deben evolucionar hacia departamentos de “atención al empleado”. Tenemos que cuidar a nuestras personas, centrándonos en sus experiencias y necesidades. Esto ayuda a poder agrupar a las personas por sus experiencias o situaciones. Las personas solo quieren que le ayudemos en lo que necesitan en cada momento. Esto conseguirá que tengamos personas más contentas y comprometidas.

Sexto. Humanizar de nuevo las empresas. Dejar de considerar a las personas como un recurso. No hay que olvidar que trabajamos con personas y cada una de ellas tiene sus necesidades y sentimientos. Está claro que las empresas están para conseguir beneficios, aunque no a costa de olvidar a sus trabajadores. Al final, todas las personas de una organización deben trabajar por el bien común y remar en la misma dirección.

Séptimo. Incluir la diversidad en las empresas. No es lo mismo que las empresas hagan una entrevista a personas de diferente sexo, edad, nacionalidad, orientación sexual, religión o con alguna discapacidad que contratar a gente diversa para formar parte de esas organizaciones.

De nada sirve que entrevistes a personas de más de 45 años si tienes claro que por encima de su potencial influye su edad. Tenemos que incorporar en las empresas a personas que cumplen el perfil requerido, con independencia de sus circunstancias. Las empresas deben estar representadas por diversidad de personas.

Octava. Implementar una verdadera cultura de “employer branding. Esto comienza por asumir que una marca corporativa funciona cuando permite que sus personas tengan su propia marca personal si así lo desean. Una persona es mucho más que la empresa en la que desempeña su carrera profesional. Es bueno que una persona tenga proyectos paralelos, independientes de su trabajo principal. Permitir que nuestras personas se desarrollen es bueno para que quieran continuar con nosotros.

Noveno. No podemos negar que los trabajos para toda la vida son una quimera. Las empresas trabajan cada vez más por proyectos, competencias y necesidades. Se trata de buscar el entendimiento y el beneficio mutuo. Que una persona comience un camino fuera de una empresa no significa que en un futuro no pueda volver a colaborar con esa organización.

Decimo. Permitir que las personas se formen de forma continua. Hoy en día, los conocimientos mutan con gran rapidez. Tener a nuestras personas formadas es beneficioso y necesario. Esto conlleva facilitar la formación y reciclaje de todas nuestras personas. Aún existen empresas en donde siempre se forma a las mismas personas o el concepto de formación es… “fórmate por tu cuenta”.

Igual creéis que muchas de estas cosas ya se cumplen en la mayoría de empresas. Desgraciadamente, no tanto como sería deseable. Siendo realista, queda recorrido para alcanzarlo, aunque esto pasa por invertir en cambiar hábitos entre los responsables de las empresas, mostrando que existen otras formas de hacer las cosas. Se trata de invertir en cambios culturales; que algo sea lo estándar no significa que sea lo mejor.

¿Qué tendencias sobre personas necesitan implementar las organizaciones?

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