¿Qué estás dispuesto a sacar de tu caja de herramientas mental?

Hace no tanto tiempo que nuestros conocimientos adquiridos nos valían para toda nuestra vida profesional. Nadie los ponía en duda. Las cosas permanecían invariables. En la actualidad, por el contrario, hemos pasado al otro extremo, los conocimientos cambian constantemente. Lo que sabemos se queda obsoleto en “cuatro días” si no conseguimos adecuarlo a las necesidades del mercado.

Muchos hemos tenido superiores que miraban a los jóvenes como esa forma de actualizar los métodos de trabajo, las tácticas comerciales, los proyectos… y parece como que el que lleva muchos años en la empresa ya no vale. ¿Es correcto pensar así? Ciertamente, si tenemos gente estática, estaremos dejando que esta forma de pensar de nuestros jefes sea la correcta. Pero si nos hemos formado, estamos actualizados, es posible que la nueva sangre no esté tan preparada como los que llevan mucho tiempo en la empresa y están actualizados con las nuevas tendencias. No obstante, hay que tener en cuenta que todos los perfiles tienen cabida en la empresa.

Hoy en día tenemos que formarnos de manera continuada a lo largo de toda nuestra vida. Debemos estar abiertos y receptivos al conocimiento. Muchas personas, una vez acabados sus estudios, no quieren saber nada más de aprender otras cosas. Es una actitud respetable, sin embargo, hace que os quedéis fuera de juego frente a vuestros competidores. Sois conscientes de la rapidez con la que van cambiado las cosas, por lo que de no estar actualizados, os quedaréis desfasados en vuestra profesión, sus necesidades y sus novedades. Tenemos que tener una mentalidad abierta a aprender otras perspectivas, conocimientos o formas de hacer las cosas.

Desgraciadamente, no podemos permanecer estáticos, ya no en el trabajo, sino en todos los ámbitos de nuestra vida y eso tiene que ver también con nuestros conocimientos. Y por eso, también será importante “deshacerse” de los conocimientos que ya no nos sirven y dejar sitio para otros nuevos y relevantes.

Para ello, os propongo varios pasos:

Primer paso: Cuestiónate lo que sabes

Debes preguntarte: ¿qué me aportan los conocimientos que tengo actualmente? ¿En qué me ayudan? ¿Cuáles de ellos debo olvidar? Es vital que tengas actitud. Si no estás dispuesto a mutar tus conocimientos, poco se podrá hacer. No olvides que querer es poder. Aprender cosas nuevas nos da vida y nos hace seguir vibrando. Esto supone hacer un inventario actual de lo que sabes, para identificar lo que debe continuar contigo, lo que debe olvidarse y lo que debes adquirir. Es cuestión de que analices qué te aportan esos conocimientos.

Segundo paso: Analiza qué necesitas para crecer profesionalmente

Ya estás concienciado de que el nuevo conocimiento es necesario y has comenzado a poner en duda lo que sabes. Estás abierto a nuevos prismas. En un mundo cada vez más competitivo debes analizar qué tipo de saberes, competencias o experiencias son buenas para tu desarrollo profesional. Se trata de seguir abierto al mundo, analizando aquellos conocimientos nuevos que hagan que sigas siendo atractivo para las personas, empresas o clientes que puedan requerir a un profesional como tú.

Tercer paso: Busca tu vía de formación

Es hora de que te plantees de qué forma puedes adquirir esos nuevos conocimientos. Tenemos los canales formales de adquirir formación reglada en diferentes disciplinas, pero no olvidemos que no son la única forma de adquirir esos nuevos conocimientos. Ciertamente, unos nuevos estudios nos dan un título final que presupone que ya “poseemos” unos conocimientos. La clave es que para consolidar esos conocimientos debemos practicarlos para consolidarlos e integrarlos en nuestro interior. Debemos buscar el equilibrio entre teoría y práctica. Existen un montón de canales no formales de adquisición de conocimientos. Hoy en día, Internet es una fuente inagotable de fuentes de las que poder adquirir nuevos conocimientos. Todo no vale, también es cierto, por lo que será vital contrastar la fuente que afirma o que proporciona esos conocimientos. Ni toda la formación de pago es excelente ni toda la formación gratuita es nefasta. Existe de todo. Por lo tanto, compara y busca la forma de adquirir ese conocimiento que te sirva.

Cuarto paso: Prioriza

No puedes aprender todo a la vez. Debes priorizar la necesidad de cada nuevo conocimiento. Lo digo porque algunas personas se vienen arriba y están de forma constante aprendiendo nuevas cosas. Esto hace que no den tiempo a integrar esos conocimientos y sean términos/experiencias que se pierden rápidamente por falta de práctica. Debes buscar el motivo por el que aprendes nuevas cosas. Es un error pensar que unos nuevos conocimientos, título o estudios te van a proporcionar por sí solos un nuevo empleo. El trabajo te lo puede proporcionar la forma en que sepas aplicar esos conocimientos y/o competencias.

Quinto paso: Enriquécete con otros puntos de vista

Debemos ser flexibles, nada es categórico. La diversidad de puntos de vista sobre un conocimiento nos enriquece. Sin darnos cuenta, tendemos a rodearnos de personas que piensan lo mismo que nosotros. Esto, a veces, nos limita y nos impide crecer. Está bien relacionarte con personas de todo tipo para tener diversidad en nuestras vidas. Huye de las personas que solo te dicen lo que quieres oír. Para crecer, a veces, tenemos que escuchar cosas que sabemos que son verdad, aunque no nos guste que nos las digan.

Sexto paso: Evalúa el nivel de tus conocimientos

A veces, en cuanto creemos que controlamos algo bastante nos confiamos y bajamos la guardia. Es clave que nos retemos a nosotros mismos. Esto comienza por buscar otra forma de aplicar tus conocimientos y buscar otros prismas diferentes. Analiza tus conocimientos y rétate a aplicarlos de otras formas. Así comprobarás si necesitas actualizarlos o no.  Es fundamental experimentar con nuestros conocimientos y competencias, sin olvidar que si siempre haces lo mismo obtendrás lo mismo de siempre.

Conclusión:

Nuestra mente es como una gran caja de herramientas. Cuando hacemos cosas nuevas, es probable que nos falte una herramienta que hasta la fecha no hayamos usado, algo que paraliza el proceso de aquello que tenemos que hacer. Si esto lo aplicamos a nuestros conocimientos, es posible que veamos que la “obra” que necesitamos hacer no la podemos efectuar por faltarnos esa herramienta que, hasta la fecha, no habíamos necesitado pero ahora es fundamental.

Como en la caja de herramientas, veremos cuáles necesitamos guardar y cuáles han sido sustituidas por otras más eficientes o necesarias a partir de ahora. En el ámbito de nuestros conocimientos, habrá que hacer lo mismo, “sacando” lo que ha quedado obsoleto y dejando los conocimientos que en un futuro te servirán.

Ningún conocimiento es para siempre. Debemos adaptarlos para que nos sigan sirviendo en la forma de desarrollar nuestro trabajo.

El desaprender está muy relacionado con el adquirir de nuevo la curiosidad infantil que todos hemos perdido por el camino. No pasa nada porque te hagas preguntas que hagan que te cuestiones tus conocimientos. La clave es hacernos las preguntas correctas. Lo único es que no está de moda preguntarse cosas incómodas que nos hagan darle a la cabeza.

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