Vivimos en una sociedad hiperconectada que nos exige vivir a un ritmo frenético. Hoy en día, se potencia el estar en varias cosas a la vez, aunque está demostrado que al final no avanzas en ninguna de ellas. No olvidemos que debe primar la calidad por encima de la cantidad. La frase que más escuchamos a lo largo del día de algunas de las personas con las que nos vamos encontrando es la de “no tengo tiempo” o “no puedo atenderte en este momento”. Se pueden comprar muchas cosas en esta vida menos el tiempo. Todas las personas disponemos de 24 horas al día y debemos decidir en qué invertirlas. En más de una ocasión, menos es más. Es clave saber decidir en qué o en quién inviertes tu tiempo.

Estas pasadas navidades me reuní con un grupo de amigos que hacía tiempo que no veía. En un momento dado, me di cuenta que, a la vez que les hablaba, todos ellos estaban consultando su Smartphone. Esto es más habitual de lo que nos parece. Me callé y les pregunté ¿me podéis decir que os estaba contando? Ninguno de ellos acertó. Conclusión, estaban desconectados, haciendo que escuchaban. Lógicamente, al existir confianza, les dije que esto no se puede hacer. Tenemos que dedicar nuestra atención plena a las personas y/o asuntos que estamos atendiendo en cada momento. Este tema me dio que pensar sobre lo poco que se cuida la escucha activa y la verdadera importancia que tiene.

Te pido que observes cuando quedas con otras personas. ¿Te da la sensación de que tienen ganas de que dejes de hablar para meter ellos baza sobre sus temas? Escuchar supone estar centrado en eso, apagando nuestro ego interno, en ese momento lo importante es el mensaje de la otra persona. Tu ego puede estar desconectado un rato. Debemos asumir que no somos el centro del mundo en todo momento. Antes de hablar tenemos que plantearnos si eso que queremos decir aporta algo a esa conversación.

Se aprende mucho de las personas escuchando, aunque no es una virtud muy expandida en estos momentos. Os quiero dejar unos consejos para potenciar vuestra capacidad de escuchar activamente.

PRIMERO. Tienes que analizar el estado en el que estás. Analiza cuando quedas con otras personas tu capacidad real de escucha. ¿Estás constantemente cortando a las otras personas? ¿A la mínima desconectas? ¿Estás más atento a tus dispositivos móviles que a la conversación? ¿Cortas y solo hablas de tus cosas sin importarte cortar a la otra persona? ¿Te interesa lo que te cuentan otros o solo te interesa que te escuchen? Si no sabes qué contestar a todas estas preguntas siempre puedes ser más directo y preguntar a tus personas de confianza sobre qué opinan de tu capacidad de escucha activa. Eso sí, atente a la respuesta.

SEGUNDO. Sobre todo si no has podido contestar a las preguntas anteriores y tus amigos no te han sacado de dudas, te toca aceptar que quieres mejorar tu capacidad de escucha activa. Piensa cuántas cosas no sabes de personas con las que te reúnes por no prestarles atención plena. El escuchar de forma activa nos proporciona mucha información relevante que te puede ayudar en un futuro. Es bueno tener bien catalogadas a las personas. Simplemente con la escucha activa podemos detectar en que momento anímico se encuentra una persona, aunque no nos lo verbalice.

TERCERO. El escuchar de forma activa no supone dar nuestros consejos al otro interlocutor sobre el tema del que está hablando. Lánzate a ti mismo esta pregunta ¿te ha pedido tu consejo? En la mayoría de las ocasiones la respuesta es que no. Debes dejar a la otra persona que se tome su tiempo para acabar. No interrumpas y mantén la mirada centrándote en la otra persona.

CUARTO. Escuchar activamente hace que nos fijemos en pequeños detalles que antes no percibíamos. Además, nos ayudará a saber formular preguntas interesantes sobre el tema del que habla la otra persona. Esto te sirve para poder ofrecer alternativas a los problemas de tus clientes o proveedores. Tenemos que tener claro qué sacamos en claro de esa escucha activa. Muchas relaciones llevan un proceso lento. Debes guardarte información relevante de cada persona que te pueda ayudar a avanzar en esa relación personal, comercial o profesional. El centrarte en la otra persona te permite poder realizarle preguntas abiertas que le ayuden a dejarse fluir.

QUINTO. No debemos juzgar a las personas que escuchamos. Tenemos que ser capaces de ponernos en su lugar. Esto nos ayudará a ser conscientes de lo que están viviendo o sintiendo, aunque no estemos de acuerdo con ellos. En este momento, lo importante es la otra persona. El oír en vez de escuchar hace que cataloguemos rápidamente a la otra persona. Opinar, sin tener toda la información, es lo fácil.

SEXTO. Va bien que vayas reformulando ideas que transmite la otra persona, para que perciba que captas sus mensajes y que tienes interés en lo que te cuenta. Esto le ayuda a sentirse cómoda porque siente que lo más importante es su mensaje.

SÉPTIMO. Respeta sus silencios. A veces es necesario quedarse callado. No puedes aprovechar sus silencios para ponerte a hablar de tus historias. Aunque tengas la tentación, debes contenerte. Que sea la otra persona la que determine que ha acabado. Los silencios los puedes aprovechar para sopesar la carga emocional del mensaje de la otra persona.

OCTAVO. Céntrate en los hechos y no le pongas carga emocional. Es decir, no lleves los mensajes de la otra persona al terreno personal; esto suele sacar sus palabras de contexto. Tienes que estar abierto a conocer más a la persona. Si el cliente está enfadado, debes dejarle soltar su malestar y no ponerte ya de forma inmediata a buscar excusas. Espera el momento correcto.

Tienes que asumir que el escuchar a la otra persona no significa que le vayas a solucionar sus problemas, sino que le ayuda a expresar sus sentimientos para intentar ver su tema con más perspectiva que le ayude a encontrar la solución más adecuada.

¿Por qué motivo te cuesta escuchar?

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