No te quejes, que hay gente peor que tú

José D. Valero

Como es natural, día tras días al final acabas hablando de la crisis (algo que se ha hecho terriblemente cotidiano) con tus amigos en el bar, con tu madre mientras comes o con una vecina en el rellano… Con más o menos razón, te quejas de una situación que te afecta directamente o indirectamente… Y en ese preciso instante llega, el mantra de nuestros días, la panacea para anular cualquier tipo de debate: no te quejes, que hay gente peor que tú.

Es una frase que, sino la oyes tres o cuatro veces al día, no la oyes ninguna. Y merece la pena analizar fríamente, porque en sí entraña algo pernicioso, que es volvernos a los ciudadanos de este país en un rebaño conformista, domesticando nuestro espíritu crítico con lo que nos rodea. Reflexionen: ¿no podemos quejarnos de algo que, en condiciones socio-económicas normales, sería claramente opresivo? ¿No tenemos derecho a manifestar disconformidad sólo porque nuestra situación pueda ser mejor que la de otra persona a la que (con perdón) puede que ni siquiera conozcamos nunca? Y, con perdón de la expresión, ¿si está jodido mi presente y mi futuro y no hay visos de que mejore (por mis circunstancias económicas, familiares, formativas, etc…) me tengo que consolar pensando que “por lo menos tengo salud”?

Oigan, señoras y señores del mencionado mantra, tenemos más que suficientes motivos para quejarnos, y necesitamos soltarnos por una cuestión de sanidad mental: para que no nos estalle la cabeza o nos reventemos los dientes de tanto apretarlos de la rabia contenida… Una vez dicho esto, perdónennos lo siguiente…

| PERDONEN QUE ME QUEJE de la crisis, porque pese a que la han preparado unos pocos la estamos pagando todos; porque ha prostituido la poca dignidad que le quedaba a la Justicia (judicial, política y social); porque encima que nosotros “rescatamos” a la banca no podemos acceder a financiación que nos permita cumplir nuestros sueños y proyectos (y a la que se supone deberíamos tener acceso); y porque ha traducido “todo” en términos de coste-beneficio, destruyendo todo aquello que no sea rentable a corto plazo (cultura, arte, servicios sociales, I+D+i…).

| PERDONEN QUE ME QUEJE de mi trabajo, porque lo agarramos como clavo ardiendo aunque no sea nuestra idea de futuro (o, en el caso de algunos autónomos, porque no les quedan alternativas); porque ahora “lo sufro” por unas condiciones laborales cada vez peores, tan inestable que me impide pensar a largo plazo, con un salario que me imposibilita ser independiente de mis padres y ser autónomo en mis decisiones; porque es tan opresivo que no puedo ser demasiado creativo para que mis jefes (e incluso mis propios compañeros) me intenten anular para que no les haga sombra; y porque es tan subyugante que te “invita” a vivir en permanente miedo, por la posibilidad de acabar en el paro y con peores perspectivas (si cabe).

| PERDONEN QUE ME QUEJE de las subidas de impuestos, y en especial los indirectos, porque no están bien redistribuidos y porque “Hacienda somos todos, cuando todos somos unos pocos”; porque cercenan cualquier posibilidad de crecimiento profesional a los autónomos; porque impiden que se invierta dentro de las empresas para crear nuevos proyectos (y nuevos empleos); y porque que ahogan a las familias impidiendo el consumo (que también crea empleo).

| PERDONEN QUE ME QUEJE de los recortes en servicios públicos, que hacen que mi educación y mi calidad de vida empeoren y que un futuro digno sea más difícil, que provocan que cualquier trámite con la Administración se haga (todavía más) eterno retrasando mis iniciativas y que provocan una brecha social cada vez más insalvable entre la clase rica y la clase pobre.

| PERDONEN QUE ME QUEJE de mi vida diaria, porque cuando voy al bar sólo quedamos tres amigos porque el resto se han tenido que ir fuera a buscar alternativas; porque comprarme el periódico o una revista para leer ha pasado a considerarse un “capricho”; porque no pueda vivir mi juventud (viajes, conciertos, hobbies…) porque simplemente no me lo puedo permitir; porque me recorre un escalofrío cuando veo a gente de mi edad pidiendo en la calle y no puedo evitar pensar “si llegaré a eso”; y porque se haya convertido a una existencia calculada que se reduce a “dormir, comer, trabajar (si existe), dormir” y no sé cuándo acabará.

| PERDONEN QUE ME QUEJE por mi clase política… porque sobran motivos para quejarse.

No me malinterpreteis, porque no digo que nos pasemos el día quejándonos. En la queja, como en la vida, importa más lo cualitativo que lo cuantitativo: hay que quejarse de las cosas que verdaderamente lo merecen, que no dejan de ser todas aquellas cosas que nos afectan directamente a la construcción “libre” de nuestro propio futuro. Creo que vivir la vida con objetivos “a tres días vista” lo único a lo que nos conduce es a ser una sociedad más competitiva y egoísta, a una desconfianza y desafección tal que directamente se ponga en cuestión el modelo social democrático y a una destrucción de la cultura de los valores éticos (en parte porque no podremos materialmente mantener esa escala de valores, en parte porque no creeremos ya en las personas para mantenerla).

Lo peor de todo esto es que seguro que me dejo alguna queja (confío en que añadáis los que faltan en los comentarios)… De lo que estoy seguro es que la base del progreso hacia una sociedad más democrática es, precisamente, este espíritu crítico que nos intentan cercenar, el “sano conflicto” para poder discutir las cosas y llegar a grandes acuerdos, el relacionarnos y agruparnos para hacer cosas nuevas superando los límites que nos imponen desde muchos sitios, el recuperar el espacio público que nos corresponde por derecho y buscar un objetivo/ideal común mejor del que tenemos hoy.

Permítanme que me queje de una última cosa…

| PERDONEN QUE ME QUEJE por este discurso, porque lo oímos/lo repetimos demasiadas veces al día… y ya estamos cansados.

 

La frase que ha inspirado este texto: “No te quejes por lo que tienes si no estás dispuesto a luchar para cambiarlo”
El disco que me ha acompañado mientras escribía: Joy Division – Closer (1980)

José D. Valero Cabrejas

José D. Valero Cabrejas

Gerente en @comcreed. Autónomo (o Freelance, si te gustan los anglicismos). Fotógrafo rookie. Friki de manual. Diseñador. Y periodista... a ratos... ;)

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1 Comentario
  1. Iki 4 años

    No hay nada que perdonar Jose, yo lo expresaría con otras palabras de más rabia pero tú lo has plasmado de manera fehaciente.

    Un saludo…co!

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