Todo lo que siempre quisiste saber sobre tecnologías blandas

Unas tecnologías nos permiten transformar los materiales y nos proveen de recursos, productos e infraestructuras. Otras nos permiten transformar las relaciones entre personas y entre entornos, a través de dispositivos relacionales de carácter comportamental, comunicacional y organizacional. Necesitamos conocer mejor las segundas para recombinarlas con las primeras y ponerlas en juego desde la acción en lo concreto.

Por TECNOBLANDAS

 

La historia de la humanidad ha venido marcada por el uso de las tecnologías. Esos saberes, técnicas y procedimientos que nos permiten modificar el medio. Ejemplos de ello han sido desde la capacidad prensil para tomar objetos, el descubrimiento del fuego o la agricultura, hasta llegar ahora a internet o las energías alternativas, pasando por la imprenta o la máquina de vapor. Pero tan importante como hacer chocar dos pedernales o plantar semillas, fueron los protocolos sociales con que organizarse para cuidar el fuego y mantenerlo encendido o para hacer la siembra y repartir la cosecha; la biblioteconomía para clasificar el conocimiento o la perspectiva para representar el mundo; la cadena de montaje como forma de organización del trabajo o el sindicato como forma de organización obrera. Tan importante como estar conectadas a la red o diversificar las fuentes energéticas, es hacerlo en base a protocolos cerrados o abiertos, o posibilitar lógicas de dependencia o de soberanía.

Y es que una cosa no es posible sin la otra. Las dos caras de una misma moneda. Así, aunque habitualmente nos veamos seducidas por el brillo de la parte material-tangible-dura de las tecnologías, conviene no olvidarse de las inmateriales-intangibles-blandas, ya que estas últimas son las que fijan los sistemas de organización y gestión, de control y por tanto de poder, con que se producen, distribuyen y utilizan las primeras. Unas tecnologías nos permiten transformar los materiales y nos proveen de recursos, productos e infraestructuras; las otras nos permiten transformar las relaciones entre personas y entre entornos, a través de dispositivos relacionales de carácter cultural, social, económico y político.

Pese a esta obvia interdependencia entre tecnologías, la realidad es que la relación entre ámbitos tecnológicos se basa en la relación binaria desequilibrada, en la que no se da suficiente retroalimentación e hibridación entre los diversos campos del conocimiento. En general, las que tradicionalmente se han denominado como ciencias puras, naturales, básicas, exactas, duras (física, química, medicina, matemáticas, ingeniería, telecomonicaciones…), son desde las que se establecen las jerarquías del saber y las que mantienen un total dominio dentro del sistema tecno-científico y de I+D+i, relegando a un segundo plano, cuando no dejando fuera de campo, a las ciencias sociales, las humanidades o las artes. Y en consecuencia, socialmente existe un mucho mayor acercamiento-conocimiento sobre las tecnologías duras, quedando las blandas excesivamente indefinidas, invisibilizadas o menos legitimadas.

Así, por inercias, pensamiento hegemónico, intereses o desintereses, las tecnologías blandas son “la cenicienta” de lo tecnológico. El aparataje de las tecnologías duras copa el mercado y el imaginario social, pero son las tecnologías blandas las que sirven para articular los propios sistemas con los que se organizan los mercados o se proyectan los imaginarios. Porque las tecnologías blandas, aunque casi siempre imperceptibles, están en todas partes (quizá es ahí donde radica su poder, tanto su peligro como su capacidad transformadora).

¿A qué llamamos tecnologías blandas?

Vamos a seguir acercándonos a la idea de tecnologías blandas cruzando diferentes perspectivas. La doctora Zhouying Jin de la Beijing Academy of Soft Technology, una de las principales expertas internacionales en este campo, en su libro Global Technological Change. From Hard Technology to Soft Technology, habla de las tecnologías blandas como “El conocimiento derivado de las ciencias sociales, las ciencias no-naturales, y el conocimiento (tradicionalmente) no-científico, aplicado a resolver distintos problemas prácticos”. Según Zhoyuing Jin, “las tecnologías blandas nacen a través del uso consciente de leyes o experiencias comunes en actividades económicas, sociales y humanistas, que conforman normas, mecanismos, medios, instituciones, métodos y procedimientos, contribuyendo a la mejora, la adaptación o el control del mundo subjetivo y objetivo”.

Por su parte, Michael Foucault en Tecnologías del yo establecía cuatro tipologías de tecnología: 1) Tecnologías de producción, transformación o manipulación de cosas; 2) Tecnologías de sistemas de signos, sentidos, símbolos o significaciones; 3) Tecnologías de poder, de objetivación, sometimiento y dominación del sujeto que determinan la conducta de los individuos y 4) Tecnologías del yo, que permiten a los individuos efectuar operaciones sobre su cuerpo, alma, pensamientos, conducta o cualquier forma de ser, obteniendo así una transformación de sí mismos con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, pureza, sabiduría o inmortalidad.

Y de las tecnologías pasamos a fijarnos en las máquinas. La máquina como analogía del funcionamiento de los distintos engranajes sociales, con ejemplos como: la Megamáquina de Lewis Mumford en El mito de la máquina, esa gran máquina colectiva de la organización social, compuesta por máquinas invisibles (la máquina del trabajo, la máquina militar, la máquina de comunicaciones); las Mil máquinas de Gerald Raunig, entendidas como acontecimiento, como conexiones, composiciones y movimientos; hasta las máquinas abstractas de Gilles Deleuze y Felix Guattari, que exceden toda mecánica y se componen en términos de entrada, salida y un conjunto de operaciones permitidas para producir agenciamientos y transiciones entre materias no formadas y funciones no formales. Máquinas sociales de las que formamos parte, máquinas que forman parte de un plan de interacción entre máquinas técnicas, teóricas, sociales, estéticas, etc.

Pero todo esto ¿en qué se concreta? ¿cuáles son las tecnologías blandas? Son aquellas relacionadas con la cultura y los sistemas de valores y creencias, el desarrollo del aprendizaje, la transmisión de ideas o la producción de conocimiento y de subjetividad. Todo lo que tiene que ver con aspectos relacionales y conductuales, con la organización social, las formas de gobierno, la aplicación de normas, los modos de ejercer la autoridad, los dispositivos de control o los sistemas de castigos e incentivos. Las que nos ayudan a configurar los modelos económicos, los sistemas de innovación, producción y distribución, las formas de gestión del trabajo, la administración o la logística, la comunicación y el marketing. Las estrategias, las tácticas, las planificaciones…

Comportarnos / Comunicarnos / Organizarnos

Para acotar y ordenar las tecnologías blandas, podemos fijarnos en tres áreas de actuación que nos ayuden a situarnos: tecnologías comportamentales (códigos cívicos, protocolos de castigos e incentivos, herramientas pedagógicas…), tecnologías comunicacionales (del lenguaje verbal y no verbal como gestos, tonos…) y tecnologías organizativas (modelos de estructuras, logística…). Vamos a tratar brevemente sobre estas áreas, no tratando de describirlas o explicarlas, sino intentando ya situarnos en una posición, plantear alguna posibilidad de acción para que las tecnologías blandas puedan resultar emancipadoras y liberadoras.

Cuando hablamos de COMPORTARNOS, nos fijamos en cómo los comportamientos sociales están construidos (y regulados por sistemas de control como familia, educación, empleo, legislación, mercado, religión…) y cómo los tenemos interiorizados y naturalizados. Atendemos a cómo lo comportamental nos condiciona individual y colectivamente, e intentamos detectar patrones de conducta que se repiten. Aprendemos que la educación es el principal proceso de socialización y normalización, transitamos por los mapas cognitivos y la teoría del aprendizaje latente, y escribimos nuestro currículum oculto. Nos acercamos a la teoría del análisis transaccional y los juegos psicológicos. Tratamos de diferenciar emociones y sentimientos. Trabajamos sobre la idea de grupo operativo y sobre los principios y mecanismos de inclusión y exclusión. Nos preguntamos si es posible una civilización no represiva y cómo combinar el principio de realidad y el principio de deseo. Pensamos sobre la noción de control en relación con el ejercicio de poder, sobre los sistemas de dominación y sobre las tecnologías blandas como un engranaje más de la maquinaria social, en combinación con las duras (p. e. órdenes y uniformes, referendums y urnas, conectividad permanente y smartphones, etc.). Todo esto con el objetivo de identificar formas de afectar al comportamiento y plantear posibilidades de intervención desde un uso empoderado de las tecnologías blandas; para enfatizar y sofisticar o para desactivar, deconstruir y revertir algunos de los comportamientos normalizados.

Cuando hablamos de COMUNICARNOS, de todos los posibles aspectos nos fijamos en cómo nos comunicamos, centrándonos en la voz y la escucha. Partimos del supuesto de la voz como algo inherente a lo humano, como un elemento comunicativo clave en las relaciones interpersonales, los medios y la política. Nos introducimos en las políticas o ideologías de la voz, tomándolas como parte de nuestra identidad individual y colectiva. Hacemos un recorrido por voces naturales y voces producidas; voces fruto de la puesta en práctica de tecnologías duras y blandas, de posiciones biologicistas, de discursos de poder que atraviesan nuestras subjetividades y nos llevan a relacionar determinadas cualidades vocales con el carácter, el género o el estatus de alguien. Y además de sobre la voz y sobre quiénes pueden hablar y cómo, reflexionar sobre la escucha como práctica instituyente y sobre a quiénes se escucha y cómo. Escuchar voces trans, voces hackeadas, voces desnaturalizadas; que nos invitan a poner en crisis inclusiones y exclusiones históricas. Empoderarse, poniendo el peso, más que en reclamar el derecho a hablar, en reclamar ser escuchadas. Entender que escuchar es reconocer. Hablar no como emitir sonidos articulados, sino como un habla que tenga efecto, sea escuchada. Hablar escuchando, como mandar obedeciendo. Entregar la oreja como inversión en construir lo público futuro, como posibilidad de articular una única voz que pueda ser producida colectivamente. Entrenar en la escucha como práctica políticamente instituyente. Y habiendo aprendido a escuchar, preguntarnos… ¿Escuchar qué?

Cuando hablamos de ORGANIZARNOS, nos fijamos en dos paradigmas, el del gobierno y el del habitar; en las tensiones que surgen entre ambos y la posibilidad de pasar de uno a otro o de recombinar ambos, para distribuir el poder. Comenzar por reconocernos dentro de la lógica del paradigma dominante del gobernar, que nos hace desconfiar de los sentidos (lo que se ve no es lo que pasa) y nos orienta a la razón y el saber (un saber vaciado de subjetividades y particularidades). Un paradigma que separa al sujeto que gobierna (abstrae, planifica, modeliza, legisla) del un mundo (de objetos, procesos, personas, etc.) a gobernar; que pretende entender la realidad y doblegarla, actuando sobre ella de manera ordenada y planificada. Y reconociéndonos ahí, tratar de transitar hacia el paradigma del habitar, que nos enseña a creer en el mundo, a operar a partir de lo que percibimos, sentimos, experimentamos. Un habitar que es cuerpo, un cuerpo que se implica, que se afecta. Habitar como detectar y entrar en contacto con los puntos de potencia que ya existen y expandir lo que ya estamos siendo. Potencias que se despliegan no desde las posiciones de vanguardia, sino actuando desde una retaguardia reproductiva, que asegura las condiciones materiales y sensibles de posibilidad. Un habitar que se sirve de dispositivos organizativos que actúan como potenciadores de energía para cuidar, proveer, acompañar, favorecer… Un habitar compuesto por situaciones de intercambio y recíproca fecundación, para que lo que tenga que suceder vaya cogiendo cuerpo. Un habitar que es pensacción, que está abierto a la incertidumbre, en el que “Más que tomar decisiones, las decisiones nos toman a nosotros” (Jean Ouri).

Las tecnologías serán feministas y trans o no serán

Ahora que conocemos todo esto sobre las tecnologías blandas, sobre cómo afectan a nuestras vidas y las grandes posibilidades de mejora y transformación existentes, toca ver cómo lo activamos, cómo ponemos en juego este conocimiento desde la acción en lo concreto.

Para ello proponemos un ejercicio basado en la teoría del campo de fuerzas de Kurt Lewin y su modelo de cambio, basado en la secuencia: descongelación (articular un entorno y proceso que posibilite la participación activa) > cambio (nuevo sistema de creencias) > recongelación (generación de rutinas). Un ejercicio que no hay que proyectar a escala macro, sino a escala micro, en lo cotidiano, desde el cambio personal y grupal, desde la perspectiva de lo común.

Y una serie de preguntas:
¿Para cambiar el sistema hay que conocerlo?
¿Acaso aquello diseñado para someternos, condicionarnos, conducirnos, podría servir también para liberarnos?
¿Hacia dónde podemos orientar entre todas ‘lo blando’?
¿Cómo recombinar lo duro y lo blando más allá de relaciones binarias polarizadas, desde una lógica feminista y una perspectiva trans?

Seis esquemas sobre tecnologías blandas

Terminamos con seis esquemas que pueden funcionar a modo de resumen, imágenes sugerentes o puertas abiertas para seguir pensando sobre las tecnologías blandas en relación a nuestras formas de comportarnos, comunicarnos y organizarnos.


Moldeador de comportamientos (Saioa Olmo, cc by nc sa).


Máquina abstracta comportamental
(ColaBoraBora, cc by nc sa).


Circuito de la comunicación
(Saioa Olmo, cc by nc sa).


Hablar escuchando
(ColaBoraBora, cc by nc sa).


Árbol de la organización
(Saioa Olmo, cc by nc sa).


Entre el gobernar y el habitar
(ColaBoraBora, cc by nc sa).

 

TECNOBLANDAS. Un grupo de investigación sobre las tecnologías relacionales desde las artes y las ciencias sociales, compuesto por Saioa Olmo y ColaBoraBora. Saioa Olmo es una artista que experimenta con cuestiones relativas a la psicología social a través de acciones grupales performativas y dispositivos de interacción. ColaBoraBora es una cooperativa de iniciativa social dedicada al diseño y facilitación de entornos y procesos colaborativos centrados en las personas.

Muchas de las ideas expuestas en este artículo fueron trabajadas en el marco del Curso de verano de la UPV-EHU, #tecno_blandas, dispositivos de organización, comportamiento y comunicación social, en el que al grupo de investigación, se sumaron las experiencias del filósofo de garaje Amador Fernández Savater y el artista Jaume Ferrete

ColaBoraBora

En ColaBoraBora nos dedicamos a diseñar y facilitar entornos y procesos de innovación y colaboración centrados en las personas. Explorar, abonar y cimentar, nuevas formas de relación, organización, producción y propiedad, para afectar positivamente el entorno en que las personas viven y trabajan, desde las comunidades de las que forman parte.

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