Laboratorios urbanos: situaciones y derivas

gentrificacion

No cabe avisar sobre la intención de estas reflexiones por acercar los trabajos de los tan abundantes laboratorios urbanos a las tesis del movimiento situacionista. Con ellos parto de la firme convicción de que el estudio de la vida cotidiana debería alcanzar un protagonismo históricamente arrebatado por cualquiera de las élites conformadoras (véase para completar la analogía la definición que el DRAE da a conformador: “Aparato con que los sombrereros toman la medida y configuración de la cabeza”). Con ellos también reclamo esa cotidianidad básica que considera a la ciudadanía como un entramado de realidades mucho más allá de la dicotomía producción-consumo a la que la han apartado muy interesadamente (el dirigismo necesario para que todo marche según las normas) de otros valores, de otras posibilidades. En todo caso lo cotidiano, lo común, lo ordinario… aquello que mueve día a día cualquiera de las vidas de una ciudadanía completa, parece haber sido relegado, menospreciado y siempre sometido a los brillos intectuales de esos miles de expertos que han ido creciendo con el tiempo. Puede que esté bien recuperar para el pensamiento esa vida cotidiana que no ha tenido cabida en una modernización forzada, posiblemente por garantizar nichos de mercado (también para la reserva de escaños) y explotar al máximo las rentas.

En todo caso parece cierto que, a pesar de los discursos, la ciudadanía no ha sido realmente protagonista de sus actos sino más bien receptora de iniciativas que han provenido de entornos políticos y técnicos de muy diversas índoles y capacidades. Meros espectadores que adoptan el rol social que el pensamiento dominante les atribuye, que acepta el sistema y que reproduce cuantos principios se le inoculan. En este sentido una de las labores fundamentales de los laboratorios urbanos debería ser sin duda la de provocar, estimular, desencadenar reacciones, generar comportamientos: la construcción de situaciones, en definitiva. Recuperar las ciudades como espacios en los que explota la vida.

Okupar los espacios de pensamiento, también. Estoy absolutamente convencido de que toda la estrategia de gentrificación de las ciudades no pasa únicamente por el aspecto urbano, por la limpieza y la creación de “ciudad marca” sino que, habría que encontrar un término, existe una verdadera estrategia de “gentrificación del pensamiento”. Gentrificacíon y canalización (hoy sus calles son espacios de circulación, de tránsito, meros canales entre el hogar, el centro de producción y el centro de consumo) quizá sean hoy por hoy las estrategias más agresivas para el control de “situaciones” y no sólo de espacios urbanos.

¿Es necesaria la deriva? Mucho más que las certezas, así lo siento. Y lo es porque se trata de facilitar procesos autónomos que generen comportamientos alternativos a esa influencia pasiva contemporánea. Nuevas pasiones. Seguramente no es oportuno esperar las condiciones adecuadas para iniciar un cambio, seguramente hay que provocarlas, seguramente hay que facilitar las derivas necesarias para dar forma a la realidad, para enriquecer la vida cotidiana. La deriva como esa intención de búsqueda fuera de los caminos señalados, la capacidad cotidiana para el cambio, de caminar por ese paisaje que realmente deseamos. Quizá por esto mismo estos espacios deberían convertirse en “laboratorios de creatividad” que conciben la ciudad como espacios de experimentación y aprendizaje.

Y, aunque existen corrientes que valoran más la acción que el pensamiento (estos tiempos amplifican las voces que amparan la XI tesis sobre Feuerbach: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”), existe la necesidad de una armonización amplia entre la teoría/reflexión/investigación y la práxis y bien es cierto que hay que generar ideas para el diseño de  estructuras de cambio. Para contrarrestar las imposiciones. Participar en la construcción de situaciones. El futuro es más personal e inmediato de lo que nos pueda parecer. Derivas y situaciones: La capacidad para inducir el cambio.

En cualquier caso, como diría Antonio Lafuente, queremos considerar estos espacios más cocina que laboratorio (“La cocina es un lugar de encuentro informal, esporádico y hospitalario. La cocina es el espacio amateur por antonomasia y, sin duda, un complemento del imprescindible garaje, ese donde nació el rock y brotó la cultura del Silicon Valley “). Un espacio en el que no es necesario alcanzar las estrellas, sino poner pequeños pilares para construir situaciones reactivas. Aunque sean mínimas.

 

José Ramón Insa Alba

Técnico de Zaragoza Activa. Responsable del #ThinkZAC y trabajando en #ciudadnexo. Integrar las ciudadanías para construir la ciudad deseada, la compejidad como sistema // #ciudadlateral. Concebir prototipos para reconstruir la innovación ciudadana desde ópticas alternativas y el pensamiento divergente // #ciudadinclusiva. Establecer el desarrollo humano como denominador común para generar modelos que evitan la exclusión social // #ciudadprocomún

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