LAB2034 El Gran Relato: He tenido un sueño recurrente

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“Entonces dime el remedio, amigo, si están en desacuerdo realidad y deseo.” Luis Cernuda

Hace tiempo que tengo un sueño recurrente y me inquieta. No es raro que suceda, pero normalmente se produce con intervalos de días, semanas o meses. En este caso ha insistido a lo largo de la misma noche, en distintas fases del sueño. En varias ocasiones me he despertado sobresaltado, bien con alivio o esperanza, bien con sudores de miedo, según los casos.

El contenido del sueño recurrente tenía en todo caso que ver con mi ciudad, Zaragoza, y con una fecha que aparecía en el calendario con una hiriente claridad: 2034. A veces se le contraponía, como en un espejo, la fecha actual del mundo de la vigilia: 2014. De los años transcurridos entre la fecha actual y la futura sólo aparecían algunas imágenes confusas y fugaces.

Gran Mapa LAB2034

Como es habitual en los sueños, entreveía en ocasiones personajes y lugares que presentaban, mezcladas y alteradas, características de lugares y personajes familiares pero apenas reconocibles. Algunas veces la perspectiva de esa Zaragoza soñada resultaba más bien agradable y aun estimulante, lo que desde la situación actual me resultaba sorprendente. En otras el futuro se presentaba desolador. No creo en los sueños premonitorios, pero así y todo ojalá todos los sueños fueran por un camino consolador.

Aprovechando la memoria inmediata de los diversos despertares y sabiendo que poco a poco la memoria del sueño se difumina y extravía, he ido escribiendo unos apuntes sueltos con objeto de procurar no desvirtuar, en lo posible, el relato que a continuación intentaré reconstruir. Trataré de no traicionar, o al menos no demasiado, la fragmentación y aun las contradicciones de esta composición de sueños diferentes aunque sin duda relacionados entre sí.

Los períodos de sueño y de vigilia se alternaban. En las fases Rem o de sueño paradójico se producían los diferentes relatos y argumentos como queriendo disponer de un guion lógico que la propia naturaleza del sueño hacía imposible.

Notaba insertado en mi cuerpo un mecanismo mediante el cual sintonizaba y recibía fragmentos, frases o imágenes sueltas de los sueños de otras diez personas. No sabía muy bien por qué ese número, aunque al ir cosiendo y empalmando los pedazos, los diferentes recorridos dentro del sueño intentaban dotarse de una coherencia propia. Una función o modo de este artefacto me obligaba a transcribir casi siempre de forma literal palabras y a veces frases enteras o imágenes impidiéndome modificar su sentido: Una palabra y su contraria. Un deseo y un abandono. A veces hasta se colaba algún oxímoron travieso.

Primera fase:

En un primer estado de duermevela se van mezclando de forma aleatoria palabras, contenidos e intuiciones que están ya presentes en la Zaragoza de 2014
y otras de significado confuso pero que bien podrían referirse a la Zaragoza de 2034:
Smart City, Slow City, sostenibilidad, consumo colaborativo, hibridación, electrolineras, colab, hacklab, iWatch, werables (qué demonios quiere decir esto), gobernanza, transmedia, wiki, Bigdata, Opendata, inhibidores, anomia, identidad, reprogramación, clima, ocio, turismo, desindustrialización, energía, accesibilidad, 3D, redes, catarsis, cercanía, inmediatez, solidaridad, desigualdad, desorden, gentrificación, bicis, confianza, empatía, internet de las cosas, subsistencia, monitorización, desinfoxicación, customización, comunidad, pertenencia, marca, prosumer, soledad, confianza, código de vecinos, voluntariado, éxodo, repolitización, nomadismo, precariedad, viaje, reciclaje, eficiencia, abastecimiento, huerta, tierra, identidad, tradición, equipamientos, cementerios, mediateca, artesanía, comercio, vulnerabilidad, plataformas, logística, intangibles, experiencia, inmigración, transversalidad, conocimiento, cultura, contexto, afectos, canales, conectividad, cierzo, mar.

Y algunos infinitivos poderosos que se cuelan como en un intento de servir de soporte a las 10 voces que me van guiando en el sueño:
(INVENTAR), (COMPRAR), (DURAR), (RENOVAR), (PASEAR), (COMPARTIR), (PARTICIPAR), (ACOGER) (HABITAR) Y (FABRICAR)

Cada palabra se correspondía con alguna imagen borrosa que quería tomar forma entre una ciudad a caballo entre la de mi infancia y la actual que se resistía a cambiar por la inercia del pensamiento disperso: Fiestas del Pilar, casco histórico, parque temático, roscones, ágapes, ocio de consumo, deambular sin rumbo, terrazas, bares, centros comerciales, crecimiento desordenado…

Inevitable contradicción entre estas imágenes dispares así que me autocensuro y recuerdo una frase de François Mauriac: “Esa ciudad en donde nacimos, en donde fuimos niños y adolescentes, es la única que deberían prohibirnos que juzgásemos. Se confunde con nosotros, la llevamos dentro.”

Pero parece que esto marcha y me tranquilizo: ya habrá alguien que de forma consciente intente ordenar todo esto y lo convierta en una secuencia lógica de acciones. Pero para que eso ocurra, alguien tiene que soñarlo antes: La realidad soñada o el sueño que antecede y hace posible la realidad futura.
Así que, de momento, a soñar. Las frases y las palabras “importadas” de los otros diez sueños las veo en cursiva.

Definitivamente, este sueño cada vez es más raro.

Segunda fase REM:

La noche amenaza con desvelarme pero, tozudo –al fin y al cabo estoy en Aragón- , el mecanismo me fuerza a seguir soñando.

Para conciliar el sueño enciendo el televisor y al poco tiempo o eso creo, entro en una fase de sueño más profundo y aparezco en una ciudad desconocida.

El televisor se ha convertido en una enorme pantalla en medio de un paisaje desierto que va emitiendo órdenes y a su alrededor pequeñas pantallas y artefactos que continúan dictando con una voz robotizada. Me observo detenidamente, miro a mí alrededor y veo ciudadanos que mientras deambulan por recorridos prefijados y marcados leen aplicadamente un manual de educación básica ciudadana.

Tengo integrado en el cuerpo un chip que va ejecutando automáticamente las órdenes que llegan desde esas pantallas mediante instrucciones recogidas en el manual y que me indican lo que debo hacer.

Otro chip en forma de tirita, un dispositivo biométrico de salud que me va monitorizando las constantes y obligando a cumplir sus instrucciones de forma automática. No me atrevo a incumplirlas porque desconozco el alcance de esta infracción. Desde un mecanismo que no alcanzo a definir me van indicando los recorridos por donde debo ir y lo que debo ver. Este mecanismo también se les proporciona a los pocos visitantes que llegan a la ciudad.

Paseando con 59º de temperatura se me cruzan ciudadanos de los países nórdicos y no consigo entender muy bien qué están haciendo aquí porque los viajes son caros y casi imposibles de realizar.

Me asomo a un nuevo puente sobre el Ebro –algunos se han convertido en ruinas modernas – y veo que baja un caudal estrecho, inerte y miedoso.
A los dos lados de su ribera una multitud toma el sol en hamacas numeradas y miran distraídamente pantallas en las que se ve el mar.

Me dirijo hacia Figueruelas en una bici antigua que encuentro en un vertedero y en el paseo observo algunas colonias de personas alojadas en edificios inacabados. Al llegar veo un enorme cementerio de coches y algún iPad y un paisaje desertizado que se extiende hasta donde me llega la vista, en el lugar de las huertas que yo recordaba vagamente.

El argumento empieza a parecerse demasiado a otras referencias culturales: Orwell, McCarthy…

Me despierto bruscamente con una sensación de angustia y de inutilidad:

¿Solo me iban llegar al sueño estas imágenes?

Tercera fase REM:

Me levanto y dejo que estas imágenes poco a poco se diluyan y consigo volver a caer en un sueño más profundo. Pero intento antes de volverme a dormir trazar un MAPA DEL DESEO para orientarme y quiero que se me aparezca una ciudad imaginativa, solidaria, sostenible, inteligente, compartida, inclusiva, escalable, habitable, distendida, productiva. A ver si consigo desterrar los sueños distópicos que ya estoy viendo que no me conducen por un camino transitable y que de paso me van a amargar la noche.

Mientras voy entrando de nuevo en el modo “sueño deseable” van tomando forma poco a poco las palabras sueltas que me torpedeaban durante el comienzo del sueño en el duermevela inicial de la noche y querían cobrar un sentido preciso dentro de relatos sobre la vida cotidiana en el año 2034 en Zaragoza.

Va surgiendo en medio de una niebla espesa una ciudad en la que me gustaría despertarme, mientras se mezclan inevitablemente ideas contradictorias. Como de costumbre, la imaginación intenta vencer a la pereza de una realidad tozuda que quiere insistir en sus ideas preconcebidas. En la batalla se levanta el cierzo, se disipa la niebla y la imaginación puede trabajar con tranquilidad:

Una convivencia pacífica, un comercio de proximidad cercano a mi domicilio, una ciudad limpia que cuida el silencio de sus vecinos, medios de transporte silenciosos, eficientes y no contaminantes, espacios urbanos descongestionados donde se puede descansar, protegida del cierzo, con lugares donde leer, escuchar música, compartir las ideas, donde haya un trabajo en el que nos sintamos cómodos, con una gobernanza que ha incorporado los procesos de deliberación y decisión de una forma habitual, en la que las instituciones se orientan a favorecer que la ciudadanía pueda desarrollar sus proyectos, amable con los que la visitan que no encuentran una “marca” sino que se disfrutan y se integran en las actividades cotidianas, poniendo en valor sus mejores tradiciones pero sin renunciar a integrar nuevas experiencias, que investiga, que genera y aprovecha el conocimiento compartido de sus habitantes.

¿Podré reprogramar la ciudad dentro del sueño?

Vaya, que aparezco de nuevo en un puente sobre el Ebro y veo discurrir el Ebro con una agua limpia y en cantidad suficiente para el abastecimiento de la ciudad cuyas viviendas consumen el agua que necesitan aprovechando el resto para mantener sus zonas verdes.

Por sus riberas los ciudadanos siguen paseando y circulando en bicis – algunas cosas no deberían cambiar ni en los sueños- y aprovechando que ya he cruzado el río voy hacia el norte y en los terrenos donde estaban los acuartelamientos militares -Zaragoza es una ciudad de paz, libre de instalaciones militares- hay grandes plantas de energías renovables que abastecen de energía limpia y distribuida a la ciudad gracias a la apuesta que se hizo en 2014 por la investigación en la Universidad y que la hizo líder en el sector de las energías renovables y en nanotecnología cuando ya se gestaba el traslado de la planta de Opel.

Zaragoza se anticipó al cambio que se avecinaba en el modelo productivo que hacía insostenible el desarrollo basado prioritariamente en la industria del automóvil: La economía del conocimiento era ya el modelo que regía los nuevos modos de producción. Y menos mal que con las nuevas líneas de producción de automóviles eléctricos y gracias a la nueva red de electrolineras se había desterrado la contaminación.

En los cinturones industriales, empresas cooperativas reciclan toda la basura generada. Han dado trabajo a sectores que ya no trabajaban en la industria.
Alrededor de la ciudad donde se preveía una expansión urbanística desordenada y centenares de antiguas naves desocupadas veo que se ha recuperado la antigua huerta zaragozana que produce buena parte de los alimentos que consume la ciudad distribuyéndola mediante una red de distribución y comercialización.

No sé de qué forma me encuentro dentro de un transporte silencioso llegando a una estación que, curiosamente, ha cambiado su nombre y se llama Goya en vez de delicias. La figura de Goya se ha convertido en una seña de identidad de la ciudad. Desde allí y en bici o tranvía puedo llegar cómodamente en tranvías y en bici a cualquier punto de la ciudad. No veo coches excepto en cinturones periféricos que intuyo a lo lejos.

Al bajar veo en una pantalla en un edificio frente a la estación un mapa de la ciudad: Los antiguos barrios se habían rediseñado y convertido en mínimas unidades de sentido urbano, descongestionadas, con espacios verdes y edificios eficientes energéticamente. Los vecinos han desarrollado unos códigos de vecindad que incluyen los conceptos del cuidado mutuo, los servicios comunes y favorecen la existencia de comunidades autofinanciadas y autosostenibles.

Me sorprende encontrarme un pequeño comercio que es a la vez un lugar donde se investiga, se enseña, se fabrica y se vende. Ha incorporado la tecnología digital conservando su espacio físico que proporciona a la gente una experiencia de compra y ofrece productos artesanos que, observo que ahora son muy apreciados. No veo que nadie pague y me asalta una pregunta: ¿Existe todavía el dinero?

Un turista asiático y yo nos entendemos en un idioma común: Mezcla de inglés y dialectos locales. Los dos añoramos de forma romántica no haber tenido tiempo de estudiar a fondo nuestros idiomas de origen. De alguien me aparece una palabra aragonesa: Entalto

Un niño juega con la tierra en un espacio verde y aunque sea raro me viene a la cabeza un verso de Cernuda: ¿Cuántos siglos caben en las horas de un niño?

En unos espacios híbridos mezcla de biblioteca, mediateca, taller y laboratorio una red de investigadores y diseñadores organizados en comunidades colab debaten, investigan, producen y distribuyen su conocimiento y el resultado de su trabajo con los ciudadanos que pueden acceder a los procesos de trabajo por medio de redes compartidas y accesibles.

Parece que la tecnología se ha convertido de nuevo en una herramienta poderosa que facilita la vida y la integración de todos los ciudadanos en las tareas colectivas. Veo menos cacharros electrónicos y más tiempo para un ocio compartido. Es una Zaragoza de ciudadanos inteligentes y ahora parece que entiendo mejor aquel término de Smart City y algunos otros que intuía en mi primer duermevela.

Los ciudadanos están implicados en la gobernanza, en la gestión cotidiana de sus problemas y los funcionarios que trabajan a su servicio se han preparado para servir como facilitadores de todas las iniciativas culturales y sociales que van surgiendo desde las diferentes unidades de sentido urbano.

Ya despierto, pienso que aunque Zaragoza no pueda vivir aislada de un contexto económico y político global sí que puede introducir elementos que le ayuden a encontrar una manera de convivir más humana y solidaria. Esta sí que sería una buena “Marca” de ciudad.

Al final es la política la que va a determinar el futuro y si a los poderes y a los ciudadanos no le importa intervenir, a nadie le va a importar lo que prefiramos.

Maldición china: Ojalá te toque vivir en tiempos interesantes

Epílogo:
Espero no haber confundido demasiado los sueños y en cualquier caso lo que de sugerente pueda tener este relato se debe a sus reflexiones y si hay algo olvidado, perdido o trastocado de lo que contenían sus relatos obedece únicamente a mi torpeza y a mi desmemoria: Samuel Esteban, Alejandro Calle, Pilar Bernadó, Cristina Monge, Carmen Marín, Pilar Balet, Isabel Cebrián, Javier Albisu, Patrizia Di Monte e Ignacio Grávalos y José Ramón Beltrán. Estaba también David Guirao con su cuaderno de dibujo, Mónica Giménez documentando y los responsables del embrollo, Raúl Oliván y José Ramón Insa.

Relato por Javier Anós.

Ilustración por David Guirao.

Monica Gimenez

Monica Gimenez

Relatora digital de LAB12/50 y LAB2014. Me dedico al marketing online. Blogger geek a la caza de creatividad. Hago teatro musical, leo comics y como sushi. También @madeinzaragoza

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