LAB2034 Economías sociales en la Zaragoza de 2034

Qué tendrá esta Zaragoza que milenio tras milenio nos seduce y nos une…

Esta ciudad en medio de todo y rodeada de nada.

Hoy es 28 de noviembre de 2034… mi cumpleaños. Llevaba demasiado tiempo sin volver, sin pasear por estas calles que abrazaron mi niñez y que llenan mi vida de recuerdos.
Demasiado tiempo sin sentir este cierzo cortante, que aún siendo viento nos mantiene sujetos a esta tierra.

Si miras hacia atrás veinte años no es nada, si miras hacia delante, veinte años es toda una vida.

Nos tuvimos que ir tan lejos…

No puedo creer que este aquí, en esta Calle Predicadores donde pasé los primeros dieciséis años de mi vida. Por cierto, veo que nuevamente han vuelto a poner adoquines. Está todo precioso, por fin el Mercado Central luce en todo su esplendor, y por fin se dedicaron a rehabilitar casas en lugar de salpicar las afueras de la ciudad con edificios desoladores y solitarios.

Me gusta esta ciudad, nunca ha dejado de gustarme. Está dentro de mí.

No puedo creerlo, sigue abierto el almacén de legumbres con su mostrador de sacos donde los vecinos señalan con el dedo de cuanto quieren cuarto y mitad. Y veo guiñar el ojo al dependiente cuando después de pesar los garbanzos, añade un poco más al cucurucho, y la señora le sonríe… Códigos de vecinos, pienso yo, casi se me han olvidado. Y ahí está, Galletas Villacampa. Algo estarán haciendo bien para llevar abiertos “literalmente” toda una vida.

Cuando me marché en el 2014, la mayoría de los locales estaban cerrados, y ahora la calle vuelve a estar llena de vida. No paro de ver pequeños comercios; allí el zapatero y allí la farmacia de los Villaumbrosia, en la que claro está, no reconozco al actual boticario, pero por lo que veo sigue aconsejando a todo el mundo, y escucho y sonrío, porque la conversación en este sitio sigue siendo una terapia maravillosa… ¡cuántos recuerdos!

Ahora sí que se me encoge el corazón … veo la tienda del Sr. Valentín, siempre con su bata gris, su palillo en la boca y su lapicero en la oreja. Nadie en esta calle pasó hambre teniendo él la tienda abierta, “ya lo anoto y ya me lo pagarás cuando puedas”, y todo el mundo pagaba… me acerco y por lo que veo todo sigue igual, todo, menos el Señor Valentín, que nos dejó lleno de bondad.

Por fin,… la tienda del Tío Miserias, ahora es una papelería como Dios manda, y me dicen que regala las chuches. Y creo que es su nieto pequeño el que está detrás del mostrador, sonriendo… ¡Cuanto me alegro de reconocerme en esta calle!

Y han vuelto a abrir la lechería y hasta la peluquería de Milagros. Y mi cole… que lo cerraron para convertirlo en una residencia privada, ha vuelto a ser un cole, quiero entrar… seguro que sigue teniendo ese enorme patio lleno de uniformes donde te sentías “solo un poco más libre”.

¿Pero qué ha pasado? Todo está nuevo, limpio, precioso, pero a la vez todo está como antes.

Y me llego hasta el antiguo Ayuntamiento, y luego instituto, y cuando me fui proyecto de Centro Cívico, estoy delante del Luis Buñuel, y como el resto, rehabilitado y radiante.
Veo salir un joven, me recuerda un poco a Raúl Oliván que por el 2014 dirigía Zaragoza Activa, ¿qué será de Raúl?

El muchacho ve mi sorpresa y mi curiosidad y me pregunta si puede ayudarme.

– Pues claro que puedes, explícame que ha pasado en esta ciudad para sentirla tan viva y tan feliz.
– Bueno, desde que yo recuerdo y tengo diecinueve años, los poderes públicos se quedaron desarmados ante la crisis y la desigualdad, los ricos se hicieron mucho más ricos, y el resto tuvo que apoyarse unos a otros. Vecinos con vecinos. Ciudadanos con ciudadanos. Y ahora somos un todo y lo esencial nunca nos falta. Tuvimos que dejar de pensar hacía dentro y mirar al de fuera.

Y pienso, después de la Edad Media llegó el Renacimiento y después del capitalismo corrupto llegó la economía solidaria. El camino fue la responsabilidad social, la personal, de todos, bueno, de todos no, solo de los que querían que la sociedad siguiese siendo un conjunto de personas, un lugar para crecer y convivir.

Hay sueños que no he cumplido, nunca patiné bien, y no terminé de aprender a tocar la guitarra, pero parece que aquel Casco Histórico Socialmente Responsable que soñamos unos cuantos hace años, finalmente se ha hecho realidad.

La solución siempre estuvo ahí… volver a lo que funcionaba, pedir un poco de sal, o decir que un vecino es más importante que un hermano, porque es el que está cerca y el primero que te va a ayudar.

Estos maños tozudos y nobles, dispuestos a darlo todo para defender lo nuestro, por fin hemos descubierto que “lo nuestro” somos nosotros, las personas.

Y recuerdo a Cicerón, “Lograr la vieja aspiración de la humanidad -crear una sociedad para vivir y convivir, una sociedad justa e integradora y, por tanto, feliz”.

Es mi cumpleaños, y estos días siempre me han puesto un poco melancólica, pero hoy es una dulce nostalgia, hoy he vuelto a casa… tengo setenta y dos años y yo, al igual que la sociedad soñada por Cicerón, soy feliz…

 

Relato por Pilar Bernadó

Ilustración por David Guirao

Monica Gimenez

Monica Gimenez

Relatora digital de LAB12/50 y LAB2014. Me dedico al marketing online. Blogger geek a la caza de creatividad. Hago teatro musical, leo comics y como sushi. También @madeinzaragoza

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