LAB2034 Economías creativas en la Zaragoza de 2034

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Vivimos un presente que nos plantea un futuro incierto, en plena transformación de las relaciones sociales, culturales y económicas. Un sector, el de la industrias culturales y creativas en una revisión constante de sus condiciones económicas, de producción, difusión, etc. Resulta complejo tratar de imaginarlas o predecirlas en veinte años, ¿donde estaremos nosotros entonces?

Un presente y un futuro que nos obliga a soñar, hoy mas que nunca, con un mundo de posibles. Por ello, ante las dudas, los temores y las incertidumbres del presente actual prefiero soñar, si me lo permitís, cual será el futuro de la economía creativa en nuestra ciudad, tomando como referencia procesos de transformación y tendencias actuales. Una serie de flashes, imágenes e ideas de un sueño, que quizás pueda aproximarnos y ayudarnos a construir la realidad de un futuro no tan lejano.

Economia creativa en Zaragoza

Cierro los ojos y veo una gran pantalla interactiva en la fachada de un edificio, nos da la bienvenida a la ciudad, nos muestra un mapa de sus calles, nos pregunta, nos escucha y nos responde. Escuchamos su voz, su música, compartimos contenidos a través de ella, buscamos experiencias, me permite contactar con otras gentes y encontrar otros lugares.

Una pantalla para transformar las relaciones entre la ciudad, sus instituciones y los ciudadanos. Una pantalla para compartir y mostrar la ciudad al mundo. Me dirijo hacia el centro, reconozco sus calles, sus edificios pero el entorno ha cambiado. Ya no encuentro sus grandes tiendas multinacionales de la moda, en su lugar pantallas en pequeños escaparates que nos muestran sus productos, nos visten en un espacio virtual y nos venden directamente como si de máquinas expendedoras se tratara. Imagino que internet y sus cambios en los hábitos de consumo, así como las apariciones de macro-superficies comerciales a las afueras de la ciudad, ayudaron a propiciar este cambio en el comercio.

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A su lado encontramos unos estudios enormes donde antes se encontraba las grandes cadenas.

Ahora están ocupados por pequeños diseñadores locales de moda, que trabajan asociados, diseñan y producen sus “pequeñas” colecciones. Sus productos, alejados de la producción en masa de las grandes multinacionales, son conocidos y muy apreciados en todos los continentes gracias a su difusión en la nuevas plataformas digitales de venta.

En estos talleres no solamente se diseña y se produce, también se enseña a nuevos creadores y se comparte el conocimiento, creando una comunidad de trabajadores y una red global. Así es como poco a poco se han constituido estos talleres, hoy reconocidos a nivel internacional.

Sus vecinos son “nuevos” artesanos, que han sabido incorporar el buen hacer y la tradición de sus antepasados a las tecnologías actuales. Encontramos desde “textiles” o “luthiers” a “escultores” o “alfareros”. Entro en el taller de un “alfarero” a primera vista ya no encuentro ni los tornos, ni el barro, ni los hornos. En su lugar encuentro ordenadores e impresoras 3d y otros dispositivos en los que cualquiera puede producir de forma rápida, económica y sencilla sus productos de “alfarería” y llevárselo al instante. Para ello se imparten talleres de modelado y se venden modelos ya creados.

Pero en realidad, eso es solo una parte de su negocio y la adaptación a las nuevas tecnologías.

Quedan pocos alfareros y él ha sabido adaptarse para sacar provecho de estos nuevos medios.

Aún sigue utilizando el “barro”, su “torno” y los “nuevos hornos” situados al final del taller, listos para realizar los encargos que recibe de diseñadores y que se convierten en obras únicas de gran valor gracias a la tradición y el buen hacer de este artesano. Es uno de los últimos alfareros tradicionales y, por ello, muy demandado por diseñadores de todo el mundo con los que trabaja a través de plataformas digitales.

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Unas calles mas allá un grupo de adolescentes se dirige hacia una especie de tienda de videojuegos, un local con gran cantidad de ordenadores conectados en red y espacios de trabajo. En este establecimiento no solamente se venden videojuegos, aplicaciones o dispositivos, también se pueden desarrollar y crear nuevas aplicaciones para su uso y posterior comercialización.

Actualmente este grupo de adolescentes está trabajando con programadores y diseñadores de otros países en una plataforma libre de videojuegos. Cada uno aporta sus conocimientos en diferentes áreas como la ilustración, el guión o la ínter-actividad. Y juntos están desarrollando esta nueva plataforma y sus contenidos, que ya se están utilizando en este y otros espacios y que en breve esperan poder exportar a todo el mundo.

Mientras observo sus pantallas, alzo la vista y a través de sus grandes escaparates, veo grupos de turistas asiáticos pasando por la calle y decido salir, unirme a ellos y seguirles calle abajo.

Seguimos un display que parece anunciar un ruta turística de artes escénicas. Visitamos teatros, auditorios y otros espacios que conforman el patrimonio historio-artístico de la ciudad. Terminamos la visita en unas naves de una antigua fábrica, convertidas en un centro de creación producción artística de propiedad municipal. En ellas encontramos bailarines llegados de diferentes puntos del planeta que preparan una obra de danza como artistas residentes.

Los bailarines residen en la fábrica durante un año, tiempo durante el cual preparan su próximo espectáculo del que el ayuntamiento es coproductor y que después se estrenará en los mejores teatros y salas de todo el mundo.

Entre ensayo y ensayo, los bailarines y coreógrafos participan en las clases y talleres que el centro imparte a niños y niñas de todas las edades, como parte del programa de formación de la escuela municipal. Unos niños y niñas entre los cuales encontraremos a profesionales de las artes escénicas del mañana.

Al finalizar la visita y exhausto por una mañana cargada de descubrimientos decido entrar en un café-bar. Por fuera nada ha cambiado aparentemente pero cuando me dispongo a tomar asiento en una mesa para disfrutar de un café, me doy cuenta que aquello no es solo bar, también es una tertulia, una tienda de música, un estudio de producción musical y una sala de conciertos.

En ese momento una chica se dispone a subir al escenario, un grupo de músicos le acompañan y sus amigos desde la primera fila le animan como sus mayores fans. La música comienza a sonar y el público atento a su voz hace las veces de coro, al finalizar todos aplaudimos y ese momento queda grabado para siempre en un vinilo que sus amigos le regalan que desde ahora podremos comprar en la barra del bar o descargar desde su página web.

Quiero saber qué ha pasado en todos estos años y decido buscar una biblioteca en la que consultar hemerotecas y contenidos. Encuentro una, pero la verdad no se muy bien como buscar, no conozco sus dispositivos, apenas hay papel y la mayoría de los contenidos son digitales. Se trata de una especie de mediateca donde podemos encontrar contenidos audiovisuales, textos e interactivos, la mayor parte de ellos son contenidos libres, lo que permite consultarlos y crear otros nuevos a partir de los originales. Ya no hay prestamos, todo esta disponible en la red y todos contribuyen a ampliarlos. Me veo desbordado y abrumado por la información, es otra concepción del conocimiento. Poco a poco me familiarizo con sus dispositivos y justo cuando estoy a punto de descubrir las claves de su evolución cultural, económico y social, el camino hacia el futuro presente… Suena el despertador y me despierto en diciembre de 2014, con dudas, imágenes de un sueño y la sensación de que es futuro no esta tan lejos.

Este sueño y sus flashes, una deriva por la imaginación de un futuro cercano, constituyen algunos de los valores y los retos de las economías creativas mas allá de su valor económico, transformando lo social, lo cultural, lo simbólico y ambiental. Pueden y deben suponer una transformación fundamental en ese mapa de ciudad y su posición en lo global.

Una ciudad donde la Industrias culturales y creativas no supongan solo un valor económico y de mero entretenimiento, sino una herramienta transformadora y generadora de riqueza para el conjunto de los ciudadanos. Capaz de proyectar la ciudad mas allá de nuestras fronteras, crear alianzas y redes de trabajo con otras economías creativas de nuestro entorno.

 

Relato por Samuel Esteban

Ilustración por David Guirao

 

Monica Gimenez

Monica Gimenez

Relatora digital de LAB12/50 y LAB2014. Me dedico al marketing online. Blogger geek a la caza de creatividad. Hago teatro musical, leo comics y como sushi. También @madeinzaragoza

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