LAB2034 Economía Industrial en la Zaragoza de 2034

Hoy he amanecido con ganas de dar una vuelta. Se ha levantado la niebla de estos días de febrero en Zaragoza y ha salido un tímido rayo de sol que anima a mis huesos artríticos a ponerse en marcha. – ¡Tantas terapias genéticas y tantas industrias farma-tecnológicas y no hay manera de dar con el truco del reúma! Esta semana he leído que ya han determinado los más de 100 genes de la artrosis y sus complicadas relaciones, pero dicen que, como siempre, tendrán que pasar unos cuantos años hasta que se desarrolle una terapia definitiva. – ¡Está claro que a mí ya no me toca!

Me apetece visitar los antiguos edificios industriales de la ciudad recordando esos primeros pasos de concentración económica de finales del siglo XIX hasta mediados del XX. Me gustan mucho las huellas de la transformación de lo agrario a lo industrial.

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Primero voy a visitar la Azucarera en la Avenida de Cataluña que me queda cerca de casa. Había pensado visitar también las harinera de Casetas y la de Utebo pero tengo que dar un paseo. El dispositivo biométrico del Salud lleva varios días avisándome de que no he andado lo suficiente estas semanas. – ¡Y quién va a andar con este frío! Me agobia bastante ese control y seguimiento obligatorio que hacen los dichosos dispositivos biométricos del Departamento de Salud Pública. – ¡Mucho software inteligente y mucha red 6G, pero sin médico no hay manera de explicarle las cosas al trasto ese!

Así que como que tengo que andar un buen rato voy acercarme al edificio Orús y luego a La Zaragozana, que hace años dejó de fabricar cerveza en sus instalaciones y sólo queda el museo. Si me da tiempo volveré en la línea 4 del tranvía hasta la antigua papelera Saica, también desaparecida, y luego andando de vuelta a casa.

Me gusta pasear por Zaragoza. Hace años que se tomó la irremediable decisión de eliminar totalmente las emisiones de gases de efecto invernadero y hubo que retirar todo el transporte privado del centro de las ciudades y desarrollar redes de transporte público masivo. Yo ahora utilizo el tranvía. Me gustaron los años en los que aún podía ir en bici.

Hoy la utilizan un montón de personas porque el dispositivo biométrico no hace más que recordarte insistentemente que no has cumplido con las indicaciones prescritas de ejercicio diario y semanal. Y si lo incumples te van disminuyendo las prestaciones sanitarias y aumentando los copagos. -¡Menos mal que a los jubilados nos dejan algún margen más y son un poco menos estrictos! Aún me acuerdo de cuando íbamos en bicicleta para sentirnos más europeos, para cambiar la imagen de la ciudad, para participar activamente en el desarrollo una gran ciudad sostenible.

Ya no uso el servicio de vehículos eléctricos de alquiler para desplazamientos cortos. Lo usé el año de su puesta en marcha que coincidió con mi último año de trabajo en la Universidad. Son los únicos vehículos a motor permitidos en el centro. Para los desplazamientos a las grandes plataformas industriales del entorno se utiliza todavía el vehículo privado. Aún quedan muchos coches de combustibles fósiles, pero las medidas fiscales adoptadas para que podamos mantener este tipo de vehículo son totalmente disuasorias. – ¡Con lo que me gusta el Audi TT que me compré cuando cumplí los 50!

Para un capricho que me di, un día de estos lo tendré que mandar achatarrar. Ya hay ciudades en la todopoderosa China que disponen de toda la red de transporte de la ciudad y su entorno mediante vehículos eléctricos inteligentes autoguiados. Aquí, como siempre, tendremos que esperar.

Al visitar los antiguos edificios industriales y su localización me doy cuenta del gran cambio que se ha producido en la industria zaragozana. Es impresionante ver cómo se han expandido hacia el desierto circundante las plataformas industriales alrededor de la ciudad. Cómo se han absorbido los municipios del entorno, cómo ha habido que reordenar toda la estructura urbana de esos núcleos que nacieron para dar servicio a la transformación agroindustrial y que luego, ya en el siglo XXI, favorecieron una vuelta de la población a entornos más saludables y asequibles que el centro de la ciudad. Ahora se ven engullidos por empresas ligadas, esencialmente al reciclaje y a la energía. Sin contar con la expansión de PLA-ZA, que no deja de crecer. – ¡Qué lástima ha sido ver desaparecer la industria metalúrgica y de material de transporte, uno de los motores de la economía de Zaragoza! Muchas veces pienso en la falta de planificación y de anticipación que hubo antes de la deslocalización definitiva de la OPEL. ¡Cuántos disgustos nos hubiésemos ahorrado si se hubiesen hecho bien los deberes con tiempo! Recuerdo la segunda crisis de principios del siglo XXI, asociada al cierre de GM, que tuvo un impacto demoledor en Zaragoza y su entorno. Cuando la economía se había recuperado y se anticipaban crecimientos de empleo sostenibles, aunque no de salarios, se anuncia el cierre definitivo de la planta de Figueruelas. Y entonces hubo que correr, no sin antes dejar en el camino a miles de trabajadores y pequeñas empresas auxiliares que, como siempre, fueron los que sufrieron las consecuencias.

La expansión posterior de las plataformas industriales también ha hecho desaparecer la práctica totalidad de la huerta zaragozana. Desde hace años tengo mi pequeño huerto en la terraza y tengo una cuenta en el mercado online de los pequeños distribuidores locales de productos frescos que lo traen a casa. – Por cierto, ¡que no se me olvide que tengo que empezar a sembrar la berenjena y la lechuga de primavera!

También generamos nuestra propia energía. Todos disponemos de nuestra minicentral personal solar y eólica y en las comunidades de vecinos se sustituyeron todas las calderas de gas por calderas de biomasa. La supresión forzada y definitiva de las emisiones de gases de efecto invernadero propició que en el entorno de Zaragoza hayan crecido enormemente las plantas de energías renovables y las centrales de almacenamiento basadas en la sexta generación de ultracondensadores superconductores, que no sé muy bien lo que significa, pero nos los vendieron como la panacea de la transformación de las centrales eléctricas. Por supuesto están fabricados en China. El caso es que, a pesar de autoconsumir nuestra propia energía, tenemos que seguir pagando el coste de la transformación de las centrales en la factura eléctrica. -¡Hay cosas que no cambiarán nunca!

Otro de los insistentes karmas ciudadanos es el reciclado total. Zaragoza y la gran extensión de terreno en torno a la antigua carretera de Castellón se ha convertido en el mayor polo de reciclaje del sur de Europa, lo que ha afectado a la red de transporte y ha concentrado los mayores esfuerzos logísticos de la última década. Sinceramente, yo ya no me aclaro y siempre me pierdo en los cinturones de circunvalación que se han desarrollado en los últimos años. Es que me ponen muy nervioso todas esas indicaciones que se proyectan en el parabrisas del conductor. No entiendo nada. Estos dispositivos están diseñados por y para la generación que ha dedicado toda su infancia y gran parte de su juventud a los videojuegos.

Zaragoza ha cambiado. Mucho. De la transformación de la harina, la caña de azúcar, la fabricación de chocolate y cerveza, de la huerta, de la minería y el papel, de la poderosa industria del metal hemos pasado a la creación de nano-fármacos, al diseño de materiales inteligentes para la construcción, al desarrollo de dispositivos electrónicos especializados para la insaciable demanda de las comunicaciones en los productos de consumo. La demanda particular se cubre mediante una poderosa logística global y una red de comunicaciones de datos totalmente ubicua y personal.

Pero que nadie me quite mi paseo en una soleada mañana de invierno por la rivera del Ebro hasta la desembocadura del Gállego contemplando el cambiante descenso del agua y disfrutando de la vegetación y de las aves que ya no emigran nunca. Vestigios de una ciudad que nació atada a la naturaleza que la rodeaba y que ahora crece dominada por la insaciable necesidad del movimiento de personas y de cosas.

 

Relato por José Ramón Beltrán.

Ilustración por David Guirao

Monica Gimenez

Monica Gimenez

Relatora digital de LAB12/50 y LAB2014. Me dedico al marketing online. Blogger geek a la caza de creatividad. Hago teatro musical, leo comics y como sushi. También @madeinzaragoza

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