Es cuestión de tiempo

La Colaboradora, un proyecto de innovación social de Zaragoza Activa en el que 200 emprendedores se organizan alrededor de un banco del tiempo, es finalista a los Premios Eurocities 2016, una red de 130 ciudades europeas fundada en 1986 cuyos gobiernos representan a más de 130 millones de personas. 

“La Colaboradora es un espacio real de inteligencia colectiva donde una comunidad de más de doscientos miembros trabaja en proyectos empresariales, sociales y creativos y donde intercambian ideas, servicios y conocimiento a través de un banco del tiempo”. Estas fueron, más o menos, las palabras que utilizamos para presentar este proyecto a los Premios Eurocities 2016  a principios del mes de junio. Y parece que les gustó.

En ese mismo par de folios también escribimos sobre lo fácil y lo difícil que han sido estos tres años de trabajo, sobre los errores y los aciertos en la gestión de un proyecto público de estas características. Hablamos del dinero que cuesta, de la crisis económica, de su sostenibilidad, de las elecciones locales de 2015 y del riesgo de depender de los presupuestos públicos. Pero, sobre todo, hablamos de lo más importante: del por qué este proyecto público es necesario y de lo que hace que La Colaboradora despierte la curiosidad de todos los que se asoman a su puerta de cristal. Hablamos de la comunidad, de la gente que la conforma y de lo importante que son el contacto humano y la confianza para que un proyecto de innovación social e inteligencia colectiva, como lo llaman, despegue y empiece a volar. Y además, del reto de lograr que la gente que ya lleva años compartiendo su tiempo y conectando quiera quedarse.

Pero ahora no vamos a decir que todo esto ya lo sabíamos en marzo de 2013 cuando Raúl Oliván, director de Zaragoza Activa, y Javier Fernández, técnico de La Colaboradora, me sentaron en una sala de reuniones de Zaragoza Activa para contarme su nueva idea colaborativa: la creación de una comunidad emprendedora que compartiera espacio de coworking y se regulara por un banco del tiempo dentro del universo ZAC. Una idea que resultaba, como mínimo, ilusionante. Teníamos, yo por lo menos, algo de intuición y varias certezas al respecto. Pero, sinceramente, podía haber resultado un auténtico fiasco.

Lo que sí sabíamos en ese momento era que Zaragoza, y por supuesto España entera, llevaba sumida en una crisis económica una eternidad y la creación de puestos de trabajo pasaba por el autoempleo y el impulso de nuevos proyectos emprendedores. Y Zaragoza Activa, una institución local de nueva generación, llevaba enfrascada en estas lides desde 2008 creando sinergias y facilitando redes entre emprendedores. Así que en este clima insolvente, pero en pleno florecimiento de hubs y coworkings de todo perfil y con los acordes de la economía colaborativa acompañando, Oliván y Fernández discurrieron, por qué no, una comunidad donde los solitarios emprendedores pudieran compartir algo más que bienes y servicios, también alegrías y preocupaciones. Y para ello utilizaron los recursos que ya tenían – físicos y humanos – y los que no tenían, los buscaron. Y así, como dice su vídeo manual, nació La Colaboradora. Sin nada que perder, pero sí mucho que ganar.

alfredo bravo

El ADN del proyecto

Desde su comienzo en mayo de 2013 hasta junio de 2016, La Colaboradora ha acogido a cerca de 250 personas con más de 200 proyectos, de los que alrededor del 75%  ya se han iniciado o consolidado generando nuevos puestos de trabajo y fortaleciendo el tejido social de nuestra ciudad. Sin embargo, aunque todavía desconocemos el impacto real que La Colaboradora ha tenido sobre el desarrollo de estos emprendimientos, sí intuimos, de nuevo, la labor de apoyo y guía que ésta ha tenido sobre muchos de sus miembros y, en consecuencia, sobre sus proyectos.

Desde que empezamos en 2013 nos hemos empeñado en registrar todas las colaboraciones que realiza cada miembro, es decir, las horas que cada uno de nosotros comparte con la comunidad. Éstas son, literalmente, el ADN de nuestro proyecto. La base sobre la que sustentar nuestra razón de ser y la manera de explicar nuestra esencia. Tres años de recorrido que han dado lugar a 8.048 horas compartidas, de las que 6.120 se han dedicado a gestionar la comunidad a través de sus siete equipos de trabajo. Y muchas de ellas, concretamente, a organizar cerca de 280 actividades gratuitas de formación y dinamización, de las que cerca del 40% han estado abiertas al público.

Necesitamos medir su impacto

Sin embargo, aunque estos datos son significativos y nos permiten mejorar el proyecto, carecemos de información relevante que nos permitiría lanzar La Colaboradora a la estratosfera de la innovación social. Precisamos conocer datos sencillos como, por ejemplo, el papel real que ejercen los servicios que facilita La Colaboradora en el desarrollo de los emprendimientos; o la cantidad y tipología de los proyectos surgidos de las nuevas sinergias entre colaboradores y las propuestas económicas que éstos trabajan. Proyectos que sabemos que ya están funcionando con éxito en el mercado y cuyo germen se originó posiblemente un jueves cualquiera tras un Desayuno con Diamantes. Además, ser capaces de certificar el impacto económico y social de otras actividades como 25 Talentos, un proyecto surgido íntegramente desde la comunidad de La Colaboradora y que ha impulsado la reintegración en el mercado laboral de más de 30 personas, sería soberbio.

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De nuevo, intuímos y sabemos por lo que nos cuentan los principales actores implicados que La Colaboradora tiene un rol protagonista en todo esto que estoy contando. Pero son sólo palabras y, como todos sabemos, las palabras se las lleva el cierzo. Necesitamos datos contrastados que certifiquen que vamos por el buen camino. Que nos den el apoyo necesario para garantizar el futuro y la independencia de un proyecto que ya ha sido galardonado por Ouishare, la red de economía colaborativa más reconocida del mundo, así como por la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), y ahora como finalista del premio Eurocities 2016 en la categoría de Cooperación.

La Colaboradora es un banco de pruebas capaz de potenciar nuestros proyectos y al mismo tiempo legitimar la fuerza de la economía colaborativa. Con una filosofía abierta y vocación de ser reproducido allá donde se requiera, esta iniciativa compartida por ciudadanos y técnicos públicos ha llegado mucho más lejos de lo que pudimos imaginar en esas reuniones de 2013. En aquél momento nos dieron una oportunidad cuando todo pintaba mal y la supimos aprovechar. Y ahora tenemos cierta libertad – quizás, responsabilidad –  para continuar el camino, seguir avanzando juntos, mejorar y llevar esta red de confianza donde queramos y, de paso, cambiar algunas de nuestras maneras. Cada vez somos más los que creemos que el potencial de esta comunidad, de su talento y de su modelo de gestión es muchísimo mayor. ¿Cuál? Eso sólo el tiempo lo dirá.

Foto: Nacho Bueno y Alfredo Bravo

Pilar Balet

Pilar Balet

Pilar Balet es consultora de comunicación por el cambio social. Fundadora de la consultoría social La mar de gente Comunicación y Coordinadora de Comunicación y Marketing en Stone Soup Consulting. Trabajo en proyectos orientados a la profesionalización y fortalecimiento del tercer sector, la participación ciudadana, el activismo, la medición del impacto social y la transparencia de las entidades.

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