La ciudad como horizonte de la democracia participativa

“Las formas de vida metropolitanas son modos políticos y productivos.
Haciendo que interactúen democracia y (re)producción de la ciudad tendremos la posibilidad de articular lo político”.
Antonio Negri y Raúl Sánchez Cedillo.

La democracia representativa liberal ha dado lugar a una ciudadanía de baja intensidad, pues ha generado individuos que han sido reducidos a la condición periódica de electores, situación que se ha visto agravada con el auge del neoliberalismo y, más recientemente, con el estallido de la crisis económica y financiera mundial. El distanciamiento entre representantes y representados, la ausencia de rendición de cuentas por parte de los gobernantes y las limitaciones para la participación activa de los ciudadanos son, por recoger algunas, razones de la insatisfacción con el funcionamiento democrático y el principal motor para la movilización ciudadana hacia la construcción de una democracia alternativa, entendida también como deliberación, reflexión y conocimiento de los ciudadanos de los asuntos públicos. En este escenario, donde como señala Joan Subirats (2015), las instituciones han sufrido una importante pérdida de credibilidad y de legitimidad, tanto por los casos de corrupción como por el distanciamiento con los problemas reales de la gente, surgen con fuerza una serie de discursos y prácticas que tratan de devolver a la democracia su capacidad emancipadora, crítica y participativa.

En esta línea, el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos (2004), exponente del pensamiento crítico a nivel mundial, plantea que es necesario radicalizar o, mejor dicho, “democratizar la democracia”, apuntando la necesidad de combinar la democracia representativa y la participativa. Así, frente a quienes consideran que sólo hay que mejorar lo ya existente, sin cuestionar su esencia, Boaventura defiende que es necesario, además de presionar a las instituciones de la democracia representativa para hacerlas más inclusivas, reivindicar la legitimidad de la democracia participativa. Una de las hipótesis que sostiene parte de la importancia de articular lo local con lo global, pues considera que, a través de las experiencias locales de participación ciudadana, se tejen relaciones y se refuerzan prácticas locales que pueden dar lugar a redes y movimientos más amplios con capacidad transformadora a nivel global, que permitan construir una democracia de alta intensidad, consecuencia de “sustituir cada vez más relaciones de poder por relaciones de autoridad compartidas”.

Esta hipótesis resulta particularmente interesante en el contexto actual, en el que todo apunta al auge de los mercados frente a los estados-nación. Los gobiernos nacionales tienen ya escasa capacidad para determinar su propia política económica y protegerse del capital internacional. En City of fears, city of hope (2003), Zygmunt Bauman concluye que los estados-nación están en decadencia y que las ciudades son el principal espacio político de nuestro tiempo. La ocupación de las plazas del movimiento 15M es una muestra más de que las reivindicaciones de auto-organización ciudadana y el deseo de democracia directa han tenido su origen en lo urbano, espíritu que han sabido recoger y canalizar los nuevos gobiernos municipales. Sin duda, una nueva forma de entender la política, de la mano de los movimientos sociales y una ciudadanía empoderada, está emergiendo con la explosión del municipalismo en nuestro país. Los casos de Madrid, Barcelona y Zaragoza muestran la posibilidad de articular una red de ciudades orientadas al bien común y a las políticas municipales construidas desde abajo, mediante fórmulas participativas como asambleas o plataformas digitales. No obstante, conviene no idealizar el ámbito municipal como espacio de acción sociopolítica. El margen de actuación de los gobiernos municipales para producir cambios se ve limitado por las leyes y políticas estatales y autonómicas, así como por los diferentes intereses en la ciudad, “donde el clientelismo político se ejerce de forma más coercitiva”. (Díaz Orueta y Lourés Seoane, 1995).

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Por otro lado, una de las cosas que aprendimos con el 15M es que la relación entre movimientos sociales y cultura hacker se expande con las posibilidades que ofrecen las TIC´s y las redes sociales, algo que los nuevos gobiernos-movimientos están teniendo muy en cuenta. Sin embargo, frente a la lógica de la tecnología propietaria de la smart city y el paradigma de la ciudad marca, fomentado por las grandes multinacionales, carente de transparencia y basado en la competencia entre las ciudades, Matthew Fuller y Usman Haque sugieren el modelo de ciudad relacional o de código abierto, basado en la tecnología libre, la colaboración ciudadana y la inteligencia colectiva. En este sentido, Decide Madrid, la plataforma de democracia directa lanzada por Ahora Madrid, es un ejemplo de democracia directa urbana que ya está siendo replicado en otras ciudades. De igual forma, Ahora Madrid, utilizó el código fuente de la plataforma digital de Zaragoza en Común para elaborar su programa electoral de forma colaborativa. Este modelo de gestión puede dar paso a un nuevo tipo de relación entre lo público y el procomún, abriendo el camino a otras ciudades. Se trata, en definitiva, de compartir códigos, instrumentos y metodologías para construir la geopolítica del común y conectar a nivel global el horizonte de la democracia participativa. (Gutiérrez, 2016).

En cualquier caso, la participación ciudadana no puede abordarse a través de lo estrictamente tecnológico, por mucho que Internet lo esté cambiando todo. Redes sociales como Twitter o Facebook permiten la difusión masiva de mensajes que pueden facilitan la organización de una asamblea o una movilización, de igual forma que pueden ser herramientas útiles de cyberactivismo. Sin embargo, este nuevo tipo de “participación”, relacionado con formas “líquidas” de compromiso político, no necesariamente se materializa en acciones concretas, y, en mi opinión, no son espacios que hagan posible la deliberación. Por otro lado, no resulta fácil saber, hoy por hoy, el rumbo que tomará, dentro de lo que ha venido a denominarse “nueva política”, el municipalismo en nuestro país. Lo que sí está claro es que los nuevos gobiernos municipales, que ahora intentan transformar las instituciones, no podrían entenderse sin el 15M o la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), pero, al mismo tiempo, las reglas institucionales siguen contando. A corto plazo, lo único que es evidente es el cambio de actores en el escenario político, pero todavía hace falta tiempo para comprobar si se producen cambios significativos en el funcionamiento de las instituciones.

Bibliografía:

Bauman, Z. (2003). City of fears, city of hope. Londres: Coldsmiths College, University of London, pp. 3

Díaz Orueta, F. y Lourés Seoane, M.L. (1995). El incierto devenir de los movimientos sociales urbanos. África América Latina, cuadernos: Revista de análisis sur-norte para una cooperación solidaria, núm 18, pág 47

Gutiérrez, Bernardo. (2016). Estado del poder. La ciudad de código abierto como horizonte de la democracia radical transnacional. Fuhem ecosocial, pp. 3-9

Santos, Boaventura de Sousa. (2004). Democracia de alta intensidad. Apuntes para democratizar la democracia. Cuadernos de Diálogo y Deliberación, núm 5, pp. 39-42

Subirats, Joan. (2015). Todo se mueve. Acción colectiva, acción conectiva. Movimientos, partidos e instituciones. Revista Española de Sociología, núm 24, pp. 123

Alicia Ger

Trabajadora social y estudiante del Máster de Sociología de las Políticas Públicas y Sociales.

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