Intuiciones para desanudar los cuidados

Mari Fidalgo, del grupo gallego Obradoiro, viajó a Zaragoza el pasado 11 de diciembre para facilitar el tercer encuentro que organizamos desde Las Zaragozas, “Cuidadanía”. Unas semanas después, recibimos este regalo: sus reflexiones sobre el taller que llevamos a cabo.


La red que conecta…

hace unos meses tiramos la red para poder ampliar las posibilidades de desarrollar el taller “Poder, género y feminismos: transformando las relaciones y los cuidados en los grupos”. Una propuesta que hemos confeccionado con mimo durante tres meses, hilando nuestras propias experiencias en grupos (lo que ha funcionado y lo que no), nuestros saberes y estilos, que son diversos. Atendiendo a la llamada de compas feministas que buscaban aliadas para dotar a su espacio de herramientas básicas para no reproducir relaciones de poder y mejorar la salud grupal. Fue el amigo de una amiga quién hizo llegar nuestra propuesta al grupo de cuidados de Las Zaragozas…

…es la red que sostiene

¡pero nuestro taller no encajaba con lo que estaba programado! Fue todo un reto tratar de conyugar lo que deseábamos con lo que podría ser y buscar la manera de llevarlo a cabo. Un aprendizaje sobre lo que supone soltar el control, confiar. Y también sobre el valor de las intuiciones, que no son otra cosa que atajos cognitivos en base a información sobre la que no tenemos conciencia.

Cuidar la comunicación

De lo que tampoco acostumbramos ser muy conscientes, más aún en estos tiempos de (in)comunicación vía redes sociales, es cómo gestionar y hacer circular la información de forma satisfactoria e inclusiva. Respetando los tiempos, escuchando las necesidades que a veces se expresan en tono muy bajito o por vías inusitadas, frenando ritmos que pueden hacer con que los procesos se vean afectados.

Estar abierta a las sorpresas

Una vez tomada la decisión tocaba estar disponible para el regalo. Ni siempre ocurre. Dejar lagunas para que ocurra lo imprevisto, aunque eso suponga salir de lo programado. Reafirmarse en que es en el espacio del paréntesis donde sin más pretensión que desfrutar del momento puede suceder el vínculo político, la magia. Sentirse tocada por la presencia de las demás. Maravillarse de estas casualidades, de los nuevos enredos que se empiezan a dibujar.

Apaciguar las expectativas

A menudo el deseo de que las cosas salgan bien, de cumplir lo que crees que esperan de ti juega malas pasadas. Encorseta el proceso, obstruye la apertura para trabajar con los emergentes, desluce la presencia. Pero sobre todo dificulta hacer las cosas con placer. Y esa es una pista feminista para poder pensar y trabajar los cuidados: desde la conexión con el placer. No desde la erótica de la abnegación que reproduce el mandato patriarcal de obtener placer y reconocimiento a través de las demás personas (ahí suelen esconderse relaciones de poder). Estamos hablando de una erótica de los cuidados horizontal. Del placer de cuidar y de recibir cuidados, también de reservarse tiempo y espacio para cuidarnos a nosotras mismas. Y eso también atañe a ellos, ya que si se cuidaran más a si mismos descargarían a las mujeres de su vida (compañeras, madres, hijas, abuelas, etc) de las tareas de cuidado que les dedican.

Escuchar lo que lastima y desborda

Hay momentos de proponer y proyectar. Pero también los tiene que haber para echar fuera lo que llevamos cargando durante siglos. Y que la otra parte lo sostenga, que se haga cargo. Hablar de cuidados es hablar de responsabilidades construidas de forma asimétrica por el patriarcado según el género o la identidad que performamos. Sospecho que nos siguen faltando espacios (mixtos o diversos, según al gusto de cada quien) para poner palabras y hacer visibles las consecuencias que la carga de cuidados acarrea para las mujeres. También para socializar el no saber, el estar perdidxs, lo que no queremos reproducir aunque todavía no tengamos claro como construir la alternativa. Creo que en la Azucarera hemos podido abrir una pequeña ventana para esos compartires.


Resistirse a buscar la aprobación que otorga el rango

Una tarea en la que seguir perseverando. Hacer los espacios realmente inclusivos, escuchar todas las voces, sobre todo las que están en los márgenes en los circuitos del saber y del reconocimiento legitimados socialmente. Tal vez también acercarnos a los espacios desde la curiosidad sincera sobre qué piensan y sienten las otras. Ejercitar el ponerse a un lado, renunciar a los privilegios. Saber hacerse invisible cuando lo realmente necesario sea nuestra presencia para sostener el proceso grupal.

Contar con los cuerpos

Aunque falte tiempo, aunque sea breve, aunque tome tiempo a la parte cognitiva. Tratar de incorporarlo en nuestras actividades. Activarlos, calmarlos, sentirlos. Dar importancia al trabajo corporal, el terreno donde los cuidados se encarnan, incluso los cuidados emocionales. Buscar espacios más amables para este tipo de propuestas, que acojan, que den seguridad y calidez. Cuidar las condiciones para que el trabajo pueda darse en las mejores circunstancias posibles.

Valorizar el proceso

Desplazar el resultado del centro de nuestro quehacer. Despojarnos de los esquemas mentales y de la subjetividad productivista, de lo que rige la parte de arriba (lo que es visible y valorado) del iceberg que representa el sistema socioeconómico. Llevar ese posicionamiento a mi trabajo, aún sabiendo que es mucho más difícil por todo lo que ahí juego-jugamos (¿o por lo que creemos que jugamos en el tablero del empleo y las actividades remuneradas?).

Interiorizar que cada final es un nuevo comienzo…

para seguir trabajando sobre los vínculos entre la dimensión productiva y la reproductiva de la vida. Y sobre como eso repercute sobre los espacios públicos, la movilidad, la vivienda, el tiempo, el ocio, las relaciones, etc. Reflexionar sobre el rol de los cuidados en nuestra cotidianidad, en las iniciativas y espacios en los que participamos, y que tiene que ver todo ello con nuestra construcción de género. También con el lugar que ocupamos en la sociedad por razón de clase, procedencia, situación administrativa, estudios o capacidades que portemos o hayamos podido desarrollar.

Animar, dar aliento

Reconocer todo el trabajo y la apuesta que hicieron por incorporar la perspectiva de los cuidados desde una óptica feminista en la red Las Zaragozas. El valor que tiene dar el paso. Destacar el interés y la curiosidad que se palpaban por seguir profundizando, los muchos caminos que se abrieron con las reflexiones compartidas. Por poner unos pocos ejemplos, el tema de la salud mental, como afectan los mandatos patriarcales y la carga de cuidados a la salud de las mujeres. Los nexos entre los cuidados de la vida humana y la no humana, la naturaleza, los espacios. La perspectiva de los cuidados como bien común y los pasos que han de darse para gestionarlos de forma colectiva.

Agradecer

La oportunidad que me brindaron. Los aprendizajes que posibilitaron y las vías que se me han abierto para seguir indagando en los cuidados. Las atenciones y los cuidados que me dedicaron durante el proceso de organización del taller. ¡Todo lo que pueda venir a partir de este encuentro!

 

Pilar Balet

Pilar Balet

Pilar Balet es consultora de comunicación por el cambio social. Fundadora de la consultoría social La mar de gente Comunicación y Coordinadora de Comunicación y Marketing en Stone Soup Consulting. Trabajo en proyectos orientados a la profesionalización y fortalecimiento del tercer sector, la participación ciudadana, el activismo, la medición del impacto social y la transparencia de las entidades.

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