El emprendimiento como acción política

Puede que lo complicado para estos momentos de políticas-marca y de rentabilidades aceleradas, tanto en los mercados como en los estados, sea evitar la gestión por espasmos. La reflexión y la coherencia suelen estar bastante alejadas de este modelo. El caso del emprendimiento puede que sea uno de los paradigmas sobre este vaivén de las políticas públicas. Lo paradójico, en todo caso, es que todo el arco político que hoy domina la vida de los gobiernos, locales y no tan locales/conservadores y no tan conservadores, está de acuerdo en la tendencia a multiplicar programas, procesos, alojamientos y servicios para emprendedores. Esto, evidentemente, es de por sí una acción política. Lo que resulta necesario es reflexionar sobre la conveniencia del modelo de política que se está aplicando, de las conductas y doctrinas que se están replicando, en definitiva, de las repercusiones sociales en los futuros. Sobre todo porque los cánones del pensamiento neoliberal han limitado a las personas a contemplarlas desde el paradigma de la competitividad extrema, de la marca, a ser lanzadas como un producto más que debe colocarse en un lugar privilegiado de las estanterías para venderse con facilidad y, en demasiados casos, al precio que sea. Y más bien parece que los discursos de gran parte de los gurúes que van predicando por esos lugares van por ese camino.

Se trata quizá de enfocar el emprendimiento como una acción transcendente, política, que se rija por los detalles de un perfeccionamiento comunitario más que por el absolutismo de un mercado como organizador de la vida social. Y eso es asunto que no recae únicamente en los procesos públicos sino también en los particulares, en el modelo que toman las personas que optan por emprender (¿aunque no monten una empresa? ese es un asunto más que se debería tratar). Cabe resaltar, en primer lugar, que un enfoque de este tipo, va a propiciar una verdadera repercusión social fundamentada sobre un principio básico de la ética: la autonomía. Y, por qué no, también de la libertad individual más allá de ese falso e hipnótico eslogan “yo soy mi propio jefe” anulado por la eterna presencia de una autoridad infinitamente superior: el capital y el mercado

Surge la visión de un emprendimiento tomado como reciprocidad que apuesta por la integración de sus acciones en una sociedad de los comunes en la que cada uno aporta según sus fuerzas y capacidades. Es decir, quien emprende contribuye y participa sin que esa y sólo esa sea la esencia del desarrollo de las sociedades tal y como hoy nos lo machacan. Por dos razones: una, porque quien emprende es quien se encuentra en unas condiciones mínimas, y dos, porque la falta de impuso por el emprendimiento no es sinónimo de ninguna patología aunque así parezca desprenderse de los discursos dominantes. Quizá un tercero: ¿cuántos emprendedores caben en un sistema como éste?

No obstante no podemos decir que se trate de algo sencillo. Al contrario. La pulsión por la supervivencia es natural y la presión es extrema en una sociedad que premia el espíritu depredador. El emprendimiento se enfrenta a este conflicto y el equilibrio es altamente inestable. Pero mucho mayor peligro entraña seguir apostando por modelos de individualismo extremo.

En todo caso el emprendimiento sigue cumpliendo, en general, unos ritos bien anclados en el capitalismo extremo. Precisamente porque éste es tremendamente hábil para captar, absorber y digerir hasta los procesos que pueden ir en su contra. Y ahora está disfrazándose de buenísimo a partir de incorporar una matriz de compromiso social que favorece el acercamiento a posiciones críticas. Cambiar para que nada cambie. El emprendimiento se ha convertido en si mismo en un objeto de consumo, el negocio del emprendimiento. Político y mercantil.

Crear cortocircuitos. Enfocar el emprendimiento como política humanitaria. ¿Como una corriente cultural comunitaria?

 

José Ramón Insa Alba

Coordinador de Proyectos y Redes en la Sociedad Municipal Zaragoza Cultural. Area de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza. Pasé por ZAC durante cuatro años como responsable del ThinkZAC.

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