De relatos y narrativas

” Pero del paisaje no puede salir nada porque el paisaje no es nada. En tanto que mirada, el paisaje no está en lo contemplado sino en quien lo contempla.” Sergio del Molino. La España vacía.

Quizá este sea un modo acertado para entender que la “ciudad gestionada” es aquella que depende en un alto grado de la mirada de quien la administra, de su subjetividad, su formación y deformación, sus miedos, sus tendencias, sus carencias… La que depende de fábulas y leyendas que asumen, comparten y reproducen quienes tienen ese perfil “elegido”. La que se reproduce a través de ritos compartidos (en formato laboratorio, cómo no) que apuntalan esa realidad preconstruida. La que se nutre de lugares comunes a modo de vínculo sobre el que descansan esos milagros de progreso. La ciudad y todo lo que en ella acontece evoluciona en torno a esos relatos que van cambiando según sea la tendencia, el discurso que domina.

Sin embargo, las ciudades, las ciudadanías, sus entramados… evolucionan o involucionan a partir de un complejo sistema de factores culturales, económicos,  políticos, emocionales… que interactúan desde procesos más inestables y frágiles que esos modelos generados desde la obviedad y la certeza. Esa convergencia teórica, esa convergencia que comparten tanto los relatos oficiales como los “alternativos” (ojo, la alternativa produce en demasiadas ocasiones otra oficialidad) limitan enormemente esa necesidad recombinatoria, esa flexibilidad distributiva que requiere un sistema complejo de narrativas.

La diferencia entre los relatos y las narrativas es, en principio, simple. El relato es ese mercado en el que se ofrece empaquetada y lista para el consumo toda una gama de productos que nos van a salvar. La narrativa nos ofrece un espacio desde el que construir el modelo que entre todas queremos, imaginamos, deseamos. Un espacio abierto que nos ofrece la posibilidad del activismo vírico. Trabajar sin un manual de instrucciones. Construir cartografías sobre las que perdernos.

ZAC está pasando del relato a la narrativa. Pero no es fácil. Pesan todavía ciertos discursos. Ciertas inercias.

Puede decirse, en todo caso, que desde espacios como ZAC se está trabajando una huida de la gestión como relato. Que lo que se persigue son esas narrativas que refuerzan la producción comunitaria. Espacios que se quieren convertir en lugares sin miedo, en lugares emocionales desde donde poder imaginar. Que desean huir de esa gestión-relato que impide aproximaciones, que reproduce (eso no es inventar futuros) y duplica según la arbitrariedad y habilidad de quién, política, técnica o politécnicamente, está al frente.

La narrativa interpela a esas certezas totales que se ofrecen desde la arrogancia institucional, desde la arbitrariedad de la plaza en propiedad, desde la homogeneización administrativa. Pero también busca, o debe buscar, librarse de esa reproductibilidad infinita que conforman los “otros discursos”, esos que parten paralelas alternativas que demasiado a menudo se construyen desde una especie de “soberbia ética” que se retroalimenta en circuitos cerrados. La narrativa interpela a todas las totalidades, sale y abandona los entornos de privilegio y conmina a experimentar y confundirse, a usar las metáforas para construir. Después del relato sólo queda un silencio que espera otro devenir planificado, dado, estático. La retórica de lo conocido (permitan añadir que por el refuerzo de esas valoraciones/evaluaciones/ que sólo tienen en cuenta lo conocido). Sin embargo la narrativa es bulliciosa y nómada. Hay una gran diferencia.

En todo caso no es fácil sustraerse a esa tendencia de reproducción de subjetividades. Cuando las narrativas no alcanzan el suficiente grado de independencia (funcional, operativa y discursiva) se convierten en una cadena de transmisión que, acaban por reproducir una novedosa forma de disciplina y jerarquía en función de unos objetivos, en principio, comunitaristas y abiertos. La maquinaria normalizadora vuelve a funcionar aunque desde otra perspectiva. ¿Hasta dónde pueden estos nuevos modelos ser un dispositivo de control actualizado? El poder aprende a usar cadenas de transmisión deslumbrantes e incuestionables (No voy a entrar en los discursos del pensamiento positivo, la motivación, las zonas de confort y todo ese entramado de trampas semióticas que manipulan vergonzosamente las ilusiones y los deseos: una auténtica tecnología adaptativa que funciona de forma magistral).

En todo caso se trata de no dejarse llevar por espejismos y tener bien en cuenta que la retórica del poder trata de consolidarse por diferentes vías, las trampas semióticas. Que existen modelos que lo único que consiguen es una insurrección más o menos tolerada e inducida. Toda perspectiva de libertad formulada y encuadrada desde el marco operativo de la institución tiende a neutralizar los efectos de subversión. Aun considerando que dentro de estas instituciones existen espacios de agitación, es necesario permanecer observantes. La inercia dentro de estas estructuras es enorme. Y es fácil caer en los nuevos dogmatismos porque cualquier poder siempre quiere controlar los significados, piensa siempre que sabe lo que necesitamos y que es prerrogativa suya enseñarnos el camino. E insisto: el poder no está siempre y por definición dentro de las instituciones, dentro de las maquinarias estatales, el dogmatismo existe dentro y fuera.

Transformar y minimizar las infraestructuras pesadas y hacer el mayor esfuerzo por traspasar el control. Voy a señalar, para terminar, algunos conceptos que pueden completar una especie de constelación conceptual, esa referencia de “contragestión” que favorece las narrativas ante los relatos. Algunos de ellos ya los he desarrollado en este mismo blog, no está de más reforzarlos.

Conectómica. Una ciudad es de un modo u otro en función de las conexiones que sea capaz de establecer, generar y mantener entre sus habitantes, sus instituciones, sus organizaciones… Contaminación neuronal.

Des-expertización. Olvidar esa división oficial entre quien sabe y quien no. Abandonar la graduación de poderes y traspasar la jerarquía organizacional. Ni existen líderes ni liderados.

Transfuncionalidad. Donde la institución deja de ser el portador de las teorías y la organizadora desde la autoridad.

Situaciónismo. De la programación a la provocación. La facilitación de exploraciones y la construcción de momentos temporales y fortuitos de transformación.

Comunitarismo. Más allá de la colaboración, que puede representar un momento puntual de agrupación de intereses individuales, se trata de provocar espacios y territorios que centren su interés en la construcción de una ciudadanía como soberanía común.

Inmediatismo. La acción sin mediación, minimizando hasta el límite de lo posible la planificación centralizada y la representación institucional. La valoración de la inducción ante la regulación.

Provisionalidad. La lógica nómada como antídoto contra las certezas. La comprensión de la complejidad fractal como método para abarcar las inmensas realidades. Eludir lo permanente.

Etica transware. Los valores, los cuidados, los afectos, las emociones… permanecen por encima. Algo que va más allá de la herramienta y el servicio y favorece el estímulo de las pequeñas utopías.

Voluntad bacteriana. La sencillez del intercambio genético descentralizado, horizontal y promiscuo como referencia y metáfora. Tolerancia a los fallos. Reprogramación según lo recibido. Sin control centralizado. Activismo vírico

Proxicuidad. Dos lógicas complementarias: la proximidad y la ubicuidad. Lo global y lo local interactuando en un entramado que courthuge la multiplicidad.

 

ZAC sigue consolidándose como un acumulador de energías conectivas Ya lo dije en su momento pero el tiempo actúa, da la razón o la quita. En este caso la refuerza. ZAC explora esos caminos alternativos que generan una ciudadanía expandida y expansiva. Una ciudadanía que supera esas posiciones subordinadas a las que se las tenía acostumbrada. ZAC no es un dron que dispara desde lejos.

José Ramón Insa Alba

Coordinador de Proyectos y Redes en la Sociedad Municipal Zaragoza Cultural. Area de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza. Pasé por ZAC durante cuatro años como responsable del ThinkZAC.

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