¿Cómo gestionáis vuestra red de contactos?

Se suele aconsejar cuando uno tiene que buscar empleo que aprenda a  gestionar su red de contactos de forma adecuada. El gran error es acordarnos solo de nuestros contactos cuando necesitamos algo, con independencia de que sea empleo, un proveedor o un partner.

Parece que el networking es algo nuevo, sin embargo, la gestión de nuestros contactos ha existido siempre. Se trata de buscar en tu círculo profesional y/o personal de confianza a personas que cumplan los parámetros que buscas en un momento dado. Yo definiría el networking como: “La capacidad estratégica constante y permanente para saber gestionar tu red de contactos de forma efectiva, productiva y eficiente para ti y para ellos.”

Tu red de contactos online y offline es dinámica por lo que se producirán cambios, es decir, unos saldrán y otros llegarán. Tu red de contactos requiere dedicación y saber cuidarla. No olvidemos que los pequeños detalles marcan la diferencia.

Pero tengamos cuidado. Tener el teléfono de una persona en tu agenda del móvil o tenerlo cómo contacto en LinkedIn porque te acepto tu invitación, no los convierte en tu contacto. De nada sirve tener el teléfono de una persona sino sabe quién eres, qué haces o es consciente que solo le llamas cuando necesitas algo de él.

Las redes sociales son un buen medio para conectar con gente que de otra forma sería imposible. Sin embargo no debe verse este como un fin, porque sino una vez que te acepten la invitación en cualquiera de esas redes, tendrás conseguido tu objetivo. La clave es tener clara la estrategia posterior a eso, es decir, las acciones que acometerás para que esa relación profesional evolucione. Es cuestión también de saber priorizar tu red de contactos. Se trata de tener claro qué te puede aportar ese contacto y saber también en qué le puedes ayudar tú. La Reciprocidad será fundamental.

Recuerdo una frase de un conocido que me dejo impactado en su momento. Es una persona que en un momento de su vida solía acudir a muchos eventos relacionados con su sector profesional. En uno de ellos coincidí con él y vi que pedía tarjetas a todas las personas que estaban en ese evento, con independencia de que hablase más o menos con ellos. Intrigado le pregunte ¿Qué haces con todas las tarjetas que recoges? Y el me respondió todo decidido: ”Las guardo por si un día las necesito.” Esto desde mi perspectiva es un gran error, es decir, el tener contactos como fin y no como medio. Vosotros os creéis que una personas después de más de x meses se acordará de vosotros, tras un simple intercambio de tarjetas y palabras que duró unos minutos. Ya os respondo yo: no sabrá quién eres.

Imaginemos que tú acudes a un evento, charla, jornada, reunión relacionado con tu sector profesional. Me da igual cual sea tu objetivo de conocer nueva gente (vender tu producto, cambiar de trabajo, buscar clientes en Francia, etc.) Lo necesario es que tú tengas claro cuál es tu objetivo. Durante el evento, intercambias tarjetas con 30 personas. Lo correcto sería que al día siguiente o a los dos días hagas priorización de tarjetas con investigación paralela de esas personas en las redes. Priorizas de mayor a menor importancia. A las 15 personas más interesantes para tu objetivo debes de mandarles un email de agradecimiento por conocerles en el evento tal. Es una forma de reforzar ese recuerdo y dejar la puerta abierta para nuevas sinergias. De esta forma, también ves la receptividad de esas personas hacia la ampliación de su red de contactos. Lo que debéis tener claro es que no todas las personas con las que intercambias tu tarjeta pueden ser tus contactos. Yo siempre lo digo; hacer contactos y gestionarlos requiere inversión de tiempo. Esa inversión a veces tarda en dar sus frutos, sin embargo, el trabajo bien hecho,  al final da sus resultados.

Igualmente, no todo el mundo sirve de contacto y tendrás que ir tomando decisiones sobre qué personas merecen estar en tu red de contactos. Es cuestión de que los analices adecuadamente. Muchas veces, esperamos que sean otros los que nos propongan nuevos proyectos, ideas o sinergias. No deposites toda la responsabilidad en los demás y asume tus riesgos. Es decir, sé tú el que propongas cosas e ideas interesantes. Si no lo intentas seguro que no te equivocas, pero no avanzarás. Y sé fuerte también, pues no siempre salen las cosas a la primera. Alcanzar nuestros objetivos conlleva superar dificultades que tenemos que saber solucionar. Es parte de nuestro aprendizaje y evolución

Por lo tanto, debes analizar y evaluar tu red de  contactos. Si no te proporciona los resultados deseados, antes de culparles, debes plantearte qué puedes hacer de otra manera para lograr que te ayuden. Ciertamente, será necesario qué te plantees si haces todo lo que está en tu mano para gestionar adecuadamente tus contactos. Las cosas, por sí solas, no mejoran.

Igualmente importante, será ser consciente de qué punto partes con cada contacto. No es lo mismo gente que ya te conoce que aquellas personas que acabas de conocer. Debes asegurarte de que tus contactos tengan claro a qué te dedicas y dónde trabajas porque así lo tendrán claro y te asociarán correctamente cuando surjan nuevas oportunidades que te puedan encajar. No demos por hecho las cosas, es decir, si algo quieres que los demás sepan de ti,  comunícalo de forma clara. A veces, uno pretende que sean los demás los que adivinen lo que queremos.

Ante todo, debéis ser claros con vuestros contactos. De la misma forma que no queréis que os hagan perder el tiempo a vosotros, no se lo hagáis perder a ellos.

Es vital que visualicéis la cadena de acciones que tenéis que hacer con vuestros contactos para alcanzar vuestros objetivos. Paso a paso, ya que no podemos pretender que un contacto te facilite lo que precises a la primera, todo lleva su proceso.

Acordaros de su cumpleaños, comentar noticias de su empresa, si sabéis de qué equipo de fútbol es y gana, comentárselo. Que sepan que os acordáis de él o ella, para que se acuerde de vosotros. Hay que estar en contacto. No podemos aparecer de la nada pidiendo trabajo o un favor. Acercaros a vuestros contactos.

Un gran error es que pensamos que podemos pedir de todo a cualquier persona sin pararnos a pensar si eso que solicitamos es adecuado solicitárselo. Debéis analizar qué tipo de contacto es, el nivel de confianza existente y por último, el grado de conocimiento que tenéis de esa persona y ella de vosotros.

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